Cambiar el mundo a través de la resistencia no violenta.

DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la Liberación
por
Gene Sharp

Traducción al Español por
Caridad Inda

La Institución Albert Einstein
La Misión del Instituto Albert Einstein

La misión del Instituto Albert Einstein es promover a nivel mundial
el estudio y uso estratégico de la acción noviolenta en casos de
conflicto. La Institución se compromete a:
• Defender libertades e instituciones democráticas
• Oponerse a la opresión, las dictaduras y el genocidio, y
• Reducir la dependencia en la violencia como herramienta politica
Para lograr estos fines se procederá de tres maneras:
• Fomentando investigaciones y estudios sobre los métodos de
acción noviolenta y su uso en diferentes conflictos en el pasado,
• Compartiendo los resultados de estos estudios con el público
por medio de publicaciones, conferencias, medios de
comunicación masiva, etc.
• Asesorando a grupos en conflicto sobre el potencial estratégico
de la acción noviolenta.
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, MA 02115-1802, USA
DE LA DICTADURA
A LA DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la Liberación
DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la Liberación
por
Gene Sharp
Traducción al Español por
Caridad Inda
La Institución Albert Einstein
Todo el material que aparece en esta
publicación es del dominio público y
se puede reproducir
sin el permiso de Gene Sharp.
Se agradece mención de la fuente.
Primera impresión, diciembre 2003
De la Dictadura a la Democracia se publicó primero en Bangkok en
1993 por el Comité para la Restauración de la Democracia en
Birmania conjuntamente con Khit Pyaing (El Periódico de la Nueva
Era). Desde entonces se ha traducido a más de ocho idiomas y se
ha publicado en Serbia, Indonesia y Tailandia, entre otros países.
Impreso en los Estados Unidos de América
Impreso en papel reciclado.
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Web site: http://www.aeinstein.org
ISBN 1-880813-13-0
De la Dictadura a la Democracia v
CONTENIDO
PREFACIO VII
UNO
ENFRENTANDO LA REALIDAD DE LAS DICTADURAS 1
Un problema que continúa 2
¿A la libertad mediante la violencia? 4
¿Golpes de estado, elecciones, salvadores
del extranjero? 5
Encarando la dura verdad 8
DOS
LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES 9
Ventajas y limitaciones de las negociaciones 10
¿Rendición negociada? 10
El poder y la justicia en las negociaciones 12
Dictadores “agradables” 13
¿Qué clase de paz? 14
Razones para la esperanza 14
TRES
¿DE DÓNDE VIENE EL PODER? 17
La fábula del “Amo de los Monos” 17
Las recursos que necesita el poder político 18
Centros del poder democrático 22
CUATRO
LAS DICTADURAS TIENEN PUNTOS DÉBILES 25
Identificando el “talón de Aquiles” 25
Puntos débiles de las dictaduras 26
Atacando las debilidades de las dictaduras 28
vi Gene Sharp
CINCO
EJERCIENDO EL PODER 29
La dinámica de la lucha noviolenta 30
Las armas y la disciplina noviolentas 30
Franqueza, clandestinidad y comportamiento
intachable 34
Cambios en las relaciones de poder 35
Cuatro mecanismos del cambio 35
Efectos democratizadores del desafío político 37
La complejidad de la lucha noviolenta 39
SEIS
NECESIDAD DE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA 41
Planificación realista 42
Obstáculos a la planificación 43
Cuatro términos importantes en la planificación
estratégica 45
SIETE
PLANIFICANDO LA ESTRATEGIA 49
Escogiendo los medios 50
Planificando para la democracia 51
Ayuda del exterior 52
Formulando una gran estrategia 53
Planificando las estrategias de campaña 55
Difundiendo la idea de la nocooperación 58
La represión y las contramedidas 59
Adhiriéndose al plan estratégico 60
OCHO
APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO 61
Resistencia selectiva 61
El reto simbólico 62
Distribuyendo la responsabilidad 64
Apuntando hacia el poder de los dictadores 64
Cambios en la estrategia 67
De la Dictadura a la Democracia vii
NUEVE
DESINTEGRANDO LA DICTADURA 69
La escalada de la liberatad 71
Desintegrando la dictadura 72
Manejando el triunfo responsablemente 73
DIEZ
TRABAJO PRELIMINAR PARA UNA DEMOCRACIA DURADERA 77
Amenaza de una nueva dictadura 78
Cerrándoles el paso a los golpes de estado 78
Redactando una constitución 79
Una política democrática de defensa 80
Una responsabilidad meritoria 81
APÉNDICE
LOS MÉTODOS DE LA ACCIÓN NOVIOLENTA 83
UNAS PALABRAS ACERCA DE TRADUCCIONES 93
Y REIMPRESIONES DE ESTA PUBLICACIÓN
vii
PREFACIO
Una de mis mayores inquietudes durante muchos años ha sido cómo
podría la gente evitar que una dictadura se estableciera y cómo
destruirla. Esto se ha nutrido en parte por la convicción de que los
seres humanos no deben ser ni dominados ni destruidos por
semejantes regímenes. Esta creencia se ha fortalecido con lecturas
sobre la importancia de la libertad humana y la naturaleza de las
dictaduras (desde Aristóteles hasta los analistas del totalitarismo) y
la historia de las dictaduras (especialmente en los sistemas nazi y
comunista).
A través de los años, he tenido la oportunidad de conocer per-
sonas que vivieron y padecieron bajo el régimen nazi, algunos in-
clusive que sobrevivieron los campos de concentración. En Noruega,
encontré algunos que habían trabajado en la resistencia al régimen
fascista y que habían sobrevivido, y oí hablar de los que habían
perecido. Hablé con judíos que se habían escapado de las garras de
los nazis y con personas que habían ayudado a éstos a salvarse.
Sobre el terror en los regímenes comunistas de los diversos
países he sabido más por libros que por contactos personales. El
terror en estos sistemas me ha parecido más agudo, ya que estos
regímenes se impusieron en nombre de liberación de la opresión y
de la explotación.
En décadas más recientes, la realidad acerca de las dictaduras
de hoy se me ha hecho más patente por la visita de personas que
vienen de países gobernados por dictaduras, tales como Panamá,
Polonia, Chile, el Tíbet o Birmania. De los tibetanos que pelearon
contra la agresión del régimen comunista chino, de los rusos que en
agosto de 1991 le cerraron el paso al golpe de estado de línea dura, o
de los trabajadores tailandeses que con prácticas noviolentas
impidieron el retorno del régimen militar, he ido adquiriendo puntos
de vista perturbadores sobre la pérfida naturaleza de las dictaduras.
Mi sentimiento de tribulación y ultraje frente a la bestialidad
impuesta, así como mi admiración ante el sereno heroísmo de
hombres y mujeres increíblemente valientes, a veces se fortaleció
cuando visité lugares donde el peligro aún era muy grande y, a pesar
de ello, el valor de la gente se empeñaba en desafiarlo. Esto ocurría
viii
Gene Sharp ix
en el Panamá de Noriega, en Vilnius, Lituania, bajo la continua
represión soviética; en Beijing, en la plaza de Tiananmen, tanto du-
rante la manifestación festiva por la libertad como cuando los
transportes del primer contingente armado entraron en la noche fa-
tal; y en los cuarteles de la oposición democrática, en Manerplaw,
en la “Birmania liberada”.
En ocasiones visité el lugar de los caídos, tales como la torre de
televisión y el cementerio de Vilnius, el parque público en Riga donde
la población había sido ametrallada, el centro de Ferrara, al norte de
Italia, donde los fascistas pararon en fila a los de la resistencia y los
fusilaron, y hasta un sencillo cementerio en Manerplaw repleto de
cadáveres de los que habían muerto aún demasiado jóvenes. Es
triste advertir cómo cada dictadura deja tras de sí una larga secuela
de muerte y destrucción.
De estas experiencias y consideraciones me fue creciendo una
esperanza muy firme de que sí podía impedirse el establecimiento
de las dictaduras, que se podía llevar a cabo una lucha victoriosa
contra ellas sin provocar una carnicería masiva, que sí se podían
destruir las dictaduras y evitar que surgieran otras nuevas de sus
propias cenizas.
He tratado de pensar minuciosamente acerca de los métodos
más efectivos para desintegrarlas con éxito y con el menor costo
posible en vidas y sufrimientos. Para ello he repasado mis estudios
de muchos años sobre las dictaduras, los movimientos de resistencia,
las revoluciones, el pensamiento político, los sistemas de gobierno
y, especialmente, sobre la auténtica lucha noviolenta.
El resultado de todo eso es esta publicación. Estoy seguro que
dista mucho de ser perfecta. Pero quizás ofrece alguna orientación
que apoye tanto el pensamiento como la planificación tendientes a
producir movimientos de liberación que resulten más poderosos y
eficaces de lo que serían de haber sido otro el caso.
Tanto por necesidad como por opción libre, este ensayo enfoca
el problema genérico de cómo destruir una dictadura y cómo impedir
el surgimiento de una nueva. No puedo realizar un análisis detallado
y dar una recomendación precisa en cuanto a un país determinado.
Sin embargo, espero que este análisis genérico sea útil a los pueblos
que, desafortunadamente, todavía en demasiados lugares tienen que
enfrentarse con las realidades de un régimen dictatorial. Necesitarán
x De la Dictadura a la Democracia
examinar la validez de este texto en cuanto a su situación específica
y determinar hasta qué punto las principales recomendaciones son
aplicables, o si puede hacerse que lo sean, para su lucha de liberación.
He incurrido en varias deudas de gratitud durante la redacción
de este ensayo. Bruce Jenkins, mi ayudante especial, ha hecho una
contribución inestimable al identificar los problemas en cuanto a su
contenido y presentación, y, mediante sus agudas sugerencias, en
cuanto a una exposición más clara y rigurosa de las ideas más difíciles
(en especial en lo tocante a estrategia), a la reorganización estructural
del texto y al mejoramiento de la edición. Estoy también muy
agradecido a Stephen Cody por su asistencia editorial. El Dr. Chris-
topher Kruegler y el Sr. Robert Helvey me brindaron su importante
crítica y consejo. Las Dras. Hazel McFerson y Patricia Parkman me
suministraron información sobre las luchas en Africa y América
Latina respectivamente. Aunque este trabajo se ha beneficiado por
un tan noble y generoso apoyo, únicamente yo soy responsable del
análisis y las conclusiones que contiene.
En ningún lugar de este trabajo asumo que el desafío contra los
dictadores será una empresa fácil y poco costosa. Todas las formas
de lucha tienen sus complicaciones y costos. El combate contra los
dictadores por supuesto causará bajas. Sin embargo, espero que este
análisis estimulará a los líderes de la resistencia a considerar
estrategias que puedan incrementar su poder efectivo y al mismo
tiempo reducir el nivel relativo de bajas.
Tampoco se interprete este análisis como que cuando se acabe
con una dictadura específica todos los demás problemas habrán
desaparecido. La caída de un régimen no trae por consecuencia una
utopía. Más bien abre el camino a un trabajo ingente y a esfuerzos
denodados a fin de construir unas relaciones políticas, económicas
y sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión.
Es mi esperanza que este breve examen de cómo puede desintegrarse
una dictadura sea útil en cualquier lugar donde la gente vive
dominada y desea ser libre.
Gene Sharp
6 de octubre de 1993
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, Massachusetts, 02115
USA
UNO
ENFRENTANDO LA REALIDAD DE LAS DICTADURAS
En años recientes, diversas dictaduras—de origen tanto interno como
externo—han caído o se han tambaleado cuando se les ha enfrentado
una población desafiante y movilizada. Aunque a menudo se las ve
como firmemente afianzadas e inexpugnables, algunas de estas
dictaduras demostraron ser incapaces de soportar el desafío
concertado del pueblo en lo político, lo económico y lo social.
A partir de 1980, las dictaduras han caído ante un desafío
predominantemente noviolento del pueblo en Estonia, Latvia y
Lituania, Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia y Eslovenia,
Madagascar, Mali, Bolivia y las Filipinas. La resistencia noviolenta
ha hecho avanzar el movimiento por la democratización en Nepal,
Zambia, Corea del Sur, Chile, Argentina, Haití, Brasil, Uruguay,
Malawi, Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire, Nigeria y en varias
partes de la antigua Unión Soviética (llegando a jugar un papel
significativo en la derrota del intento de golpe de estado de línea
dura de agosto de 1991).
Mas aún, el desafío político masivo1 se ha hecho presente en
China, Birmania y el Tíbet en años recientes. Aún cuando estas luchas
no han destruido a las dictaduras ni le han puesto fin a la ocupación
territorial impuesta, sí han puesto al descubierto ante la comunidad
mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos, y han
1
El término “desafío político masivo”, que se usa en este contexto, lo introdujo Ro-
bert Helvey. El “desafío político” es una confrontación noviolenta (protesta,
nocolaboración e intervención) que se lleva a cabo de manera desafiante y activa,
con fines políticos. El término se originó en respuesta a la confusión y distorsión
creadas cuando se daban por iguales la ‘lucha noviolenta’ con el “pacifismo” o la
‘noviolencia reIigiosa’. La palabra “desafío” denota una deliberada provocación a
la autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión. El término
‘desafío político’ describe el entorno en el cual se emplea la acción (político), así
como el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente para describir la acción
realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de las
instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de poder
y el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones para
alcanzarlo. En este sentido, “desafío político”, “resistencia noviolenta” y “lucha
noviolenta” se usarán aquí como sinónimos intercambiables, aunque los dos últimos
términos, por lo general, se refieren a las luchas que persiguen una gama más amplia
de objetivos (sociales, económicos, sicológicos, etc.).
1
2 Gene Sharp
aportado a la población una valiosa experiencia en cuanto a esta
forma de lucha.
El derrumbamiento de las dictaduras en los países antes
mencionados ciertamente no erradicó todos los problemas de esas
sociedades—pobreza, criminalidad, ineficiencia burocrática,
destrucción del medio ambiente—que han sido frecuentemente la
herencia de aquellos regímenes brutales. No obstante, la caída de
esas dictaduras ha reducido, aunque poquísimo, mucho del
sufrimiento de las víctimas de la opresión, y ha abierto el camino
para la reconstrucción de esas sociedades con una mayor democracia
política, más libertades personales y justicia social.
Un problema que continúa
Ha habido, en verdad, una tendencia hacia una mayor demo-
cratización y libertad en el mundo durante las últimas décadas.
Según “Freedom House”, que compila un expediente anual sobre el
estatus de los derechos políticos y las libertades civiles, el número
de países en todo el mundo clasificados “libres” ha crecido de manera
significativa en los últimos diez años.2
Libres Parcialmente Libres No Libres
55 76 64
1983
75 73 38
1993
Sin embargo, esta tendencia positiva se halla atenuada porque
hay un gran número de pueblos que aún viven bajo condiciones de
tiranía. Hasta enero de 1993, el 31% de la población del mundo, de
5.45 billones, vivía en países y territorios calificados como “no libres”3;
esto es, en lugares donde los derechos políticos y las libertades civiles
están en extremo restringidos. Los 38 países y 12 territorios incluidos
en la categoría de “no libres” están gobernados por una serie de
dictaduras militares (como en Birmania y el Sudán), monarquías
tradicionales represivas (como Arabia Saudita y Bhután), por
regímenes de partido único dominante (como China, Iraq y Corea
2
Freedom House, Freedom in the World: The Annual Survey of Political Rights and Civil
Liberties, 1992-1993 (La Libertad en el Mundo: un informe anual sobre los derechos
políticos y las libertades civiles,1992-1993), p. 66 (Las cifras de 1993 son hasta enero
del mismo). Ver páginas 79-80 para una descripción de las categorías “libre”,
“parcialmente libre” y “no libre” de Freedom House.
3
Freedom House, Freedom in the World,(La Libertad en el Mundo), p. 4.
De la Dictadura a la Democracia 3
del Norte), bajo una ocupación extranjera (como Tíbet o Timor
Oriental), o en un estado de transición.
Muchos países se hallan hoy en un estado de cambio rápido en
lo económico, político y social. Aunque el número de países “libres”
ha aumentado en los últimos diez años, existe un gran riesgo de que
muchas naciones, al enfrentar cambios fundamentales tan
rápidamente, se desplazarán en dirección opuesta, y acabarán
experimentando nuevas formas de dictadura. Las camarillas
militares, los individuos más ambiciosos, los funcionarios electos y
los partidos políticos doctrinales, repetidamente buscarán cómo
imponerse. Los golpes de estado seguirán estando a la orden del
día. Los derechos humanos y políticos básicos les serán negados a
un gran número de personas.
Desafortunadamente, el pasado aún está con nosotros. El
problema de las dictaduras es profundo. En muchos países el pueblo
ha vivido experiencias de décadas y hasta siglos de opresión, ora
doméstica ora de origen extranjero. Con frecuencia se les ha
inculcado insistentemente la sumisión incondicional a las figuras y
gobernantes que detentan la autoridad. En casos extremos, las
instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas de la
sociedad—aquellas fuera del control estatal—han sido
deliberadamente debilitadas, subordinadas o aún reemplazadas por
otras nuevas, y regimentadas. El estado o el partido dominante las
usa para dominar a la sociedad. A menudo la población ha sido
atomizada (convertida en una masa de individuos aislados),
incapaces de trabajar juntos para conseguir su libertad, de confiar
los unos en los otros y hasta de hacer algo por su propia iniciativa.
El resultado es predecible: la población se ha vuelto débil, carece
de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna.
Las personas por lo general están demasiado asustadas para
compartir su odio por la dictadura y su hambre de libertad ni aún
con su familia y amigos. Están, con frecuencia, demasiado
aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular. De
cualquier manera, ¿de qué iba a servir? En vez de esto asumen el
sufrimiento sin objetivo y un futuro sin esperanza.
Las condiciones bajo las dictaduras contemporáneas pueden
ser peores que antes. En el pasado, algunas personas pueden haber
tratado de resistir. Quizá hubo breves manifestaciones y protestas
masivas. Quizá los ánimos se levantaron temporalmente. En otras
4 Gene Sharp
ocasiones, individuos y pequeños grupos pueden haber hecho
valientes pero impotentes demostraciones, afirmando algún
principio o simplemente su desafío. Por muy nobles que hayan sido
los motivos, estos actos de resistencia pasados frecuentemente han
sido insuficientes para vencer el miedo de la gente y su habitual
obediencia, condición esencial para destruir una dictadura. Esas
acciones, lamentablemente, pueden en cambio haber causado
solamente más sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una
esperanza.
¿A la libertad por la violencia?
¿Qué ha de hacerse en semejantes circunstancias? Las posibilidades
más evidentes parecen inútiles. Los dictadores generalmente hacen
caso omiso de las barreras constitucionales y legales, las decisiones
judiciales y la opinión pública. Reaccionando a las brutalidades, la
tortura, las desapariciones, las muertes, se entiende que todo esto
ha hecho pensar al pueblo que sólo por la violencia se puede acabar
con una dictadura. Las airadas víctimas a veces se han organizado
para combatir a los brutales dictadores, con el poco poder militar y
violencia que hayan podido reunir, y a pesar de tenerlo todo en con-
tra. Esta gente, por lo general, ha peleado valientemente, pagando
un alto precio en sufrimientos y vidas. Sus logros a veces han sido
considerables, pero casi nunca han obtenido la libertad. Las
rebeliones violentas desencadenan violentas represiones que con
frecuencia dejan a la población más indefensa que antes.
Sin embargo, cualesquiera que sean los méritos de la opción
por la violencia, un punto está claro. Al depositar la confianza en los
medios violentos, se ha escogido precisamente el modo de lucha en el cual
los opresores casi siempre tienen la superioridad. Los dictadores pueden
aplicar la violencia irresistiblemente. No importa cuánto más o cuánto
menos estos demócratas puedan aguantar, a fin de cuentas uno
generalmente no se puede escapar de las duras realidades militares.
Los dictadores casi siempre disponen de la superioridad militar, en
cuanto a calidad de armamentos, pertrechos, transportes y tamaño
de las fuerzas armadas. A pesar de su valentía, los demócratas no
pueden emparejárseles (casi) nunca. Cuando se reconoce que la
rebelión militar no es viable, algunos disidentes se inclinan por la
guerra de guerrillas. No obstante, sólo muy raramente, si es que
De la Dictadura a la Democracia 5
alguna vez, la guerra de guerrillas beneficia a la población oprimida
o le abre paso a una democracia. La guerra de guerrillas no es
ninguna solución evidente, especialmente por la inmensa cantidad
de bajas que suelen producirse entre la gente. Esta técnica de lucha
no ofrece ninguna garantía frente a la posibilidad del fracaso, a pesar
de apoyarse en la teoría y el análisis estratégicos, y de que a veces
recibe respaldo internacional. Las luchas guerrilleras por lo general
duran mucho. Con frecuencia el gobierno en el poder reubica a la
población, con la secuela de inmensos sufrimientos humanos y
trastorno social que esto conlleva.
Aún cuando resulte victoriosa, la lucha de guerrillas tiene, a
largo plazo, considerables consecuencias negativas en lo estructural.
De entrada, el régimen atacado se hace más dictatorial como
resultado de sus contramedidas. Si en definitiva gana la guerrilla,
el nuevo régimen que de ella provenga es con frecuencia más dicta-
torial que el anterior, debido al impacto centralizador de las fuerzas
militares al expandirse, y por el debilitamiento o la destrucción du-
rante la lucha de los grupos e instituciones independientes de la
sociedad–cuerpos éstos que son vitales para establecer y mantener
después una sociedad democrática. Los que se opongan a las
dictaduras deben buscar otra opción.
¿Golpes de estado, elecciones, salvadores extranjeros?
Un golpe militar contra una dictadura puede parecer, relativamente
hablando, una de las maneras más rápidas y fáciles de quitarse de
encima un régimen particularmente repugnante. Sin embargo,
existen serios problemas con respecto a esta técnica. Lo más
importante es que deja intacta la distribución negativa del poder
entre la población y la élite de control del gobierno y sus fuerzas
armadas. Lo más probable es que la supresión de personas o
camarillas de las posiciones del gobierno, dé pie para que otro grupo
semejante ocupe su lugar. Teóricamente este grupo puede ser menos
duro en su comportamiento, y más dispuesto a abrirse de manera
limitada a las reformas democráticas. Sin embargo, el caso opuesto
es lo más probable.
Después de consolidar su posición, la nueva camarilla puede
resultar más despiadada y más ambiciosa que la anterior. Por lo
tanto, la nueva camarilla—sobre la que quizá se habían fincado las
6 Gene Sharp
esperanzas—podrá hacer lo que quiera sin preocuparse de la
democracia o los derechos humanos. Esta no es una respuesta
satisfactoria al problema de la dictadura.
Bajo una dictadura las elecciones no se pueden usar como
instrumento para un cambio político significativo. Algunos
regímenes dictatoriales, tales como los del antiguo bloque oriental
dominado por la Unión Soviética, simularon elecciones sólo con el
propósito de aparentar ser democráticos. Pero estas elecciones eran
simples plebiscitos rigurosamente controlados, para obtener la
aprobación pública de los candidatos escogidos por los dictadores.
Éstos, de cuando en cuando, debido a la presión a que están
sometidos, podrían tal vez aceptar nuevas elecciones, pero éstas
estarían manipuladas para colocar marionetas civiles en los puestos
de gobierno. Si a los candidatos de la oposición se les hubiera
permitido concurrir a las elecciones, y hubieran sido electos como
ocurrió en Birmania en 1990, o en Nigeria en 1993, los resultados
habrían sido simplemente ignorados y los supuestos “vencedores”
habrían estado sujetos a intimidación, arrestados o hasta ejecutados.
Los dictadores no están interesados en unas elecciones que puedan
apartarlos de su trono.
Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una
dictadura, o que han tenido que exilarse para escapar de sus garras,
no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí mismos. Ellos
no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de
otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que
sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para
derribar a los dictadores.
Esa visión de que los oprimidos son incapaces de actuar
eficazmente es algunas veces correcta por tiempo limitado. Como
hemos apuntado, con frecuencia la población sometida no quiere la
lucha, y está temporalmente incapacitada para ella, porque no tiene
confianza en su propia capacidad de enfrentar la dictadura feroz, y
no ve una manera razonable de salvarse por su propio esfuerzo. En
consecuencia, no es extraño que confíe sus esperanzas de liberación
a la acción de otros. Las fuerzas externas pueden ser: la “opinión
publica”, las Naciones Unidas, un país en particular o sanciones
internacionales económicas y políticas.
Una situación así puede parecer consoladora, pero existen
graves problemas en cuanto a la confianza depositada en un salvador
De la Dictadura a la Democracia 7
foráneo. Esa confianza puede estar puesta en un factor totalmente
errado. Por lo general, no van a llegar salvadores extranjeros. Si
interviene otro estado, probablemente no deba confiarse en él.
Hay unas cuantas ásperas realidades con respecto a esa
confianza en la intervención extranjera que habría que destacar aquí.
• Con frecuencia los estados extranjeros tolerarán, o ayudarán in-
clusive, a la dictadura a fin de avanzar sus propios intereses
económicos o políticos.
• Los estados extranjeros podrían estar dispuestos a vender al
pueblo oprimido a cambio de otros objetivos, en lugar de
mantener las promesas que le hicieran de ayudarlo en su
liberación.
• Algunos estados extranjeros actuarán contra la dictadura, pero
sólo a fin de ganar para sí mismos el control económico, político
y militar del país.
• Los estados extranjeros podrían involucrarse activamente para
fines positivos sólo cuando hubiere un movimiento interno que
ya haya comenzado a sacudir la dictadura y logrado que la
atención internacional se enfoque sobre la índole brutal del
gobierno.
Por lo general, la causa principal que explica la existencia de
las dictaduras es la distribución interna del poder que existe en el
país. La población y la sociedad son demasiado débiles para causarle
un problema a la dictadura; la riqueza y el poder están concentrados
en muy pocas manos. Aunque las acciones internacionales pueden
beneficiar, o de alguna manera debilitar a las dictaduras, la
continuación de éstas depende primordialmente de factores internos.
Sin embargo, las presiones internacionales pueden ser muy
útiles cuando apoyan un poderoso movimiento de resistencia
interna. Entonces, por ejemplo, el boicot económico internacional,
los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas, la expulsión
del gobierno de organizaciones internacionales, la condena del
mismo por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros
pasos semejantes, pueden contribuir grandemente. A pesar de
todo,si no existe un fuerte movimiento de resistencia interna, tales
acciones por parte de otros es poco probable que se den.
8 Gene Sharp
Encarando la dura verdad
La conclusión es dura. Cuando se quiere echar abajo una dictadura
con la mayor efectividad y al menor costo, hay que emprender estas
cuatro tareas:
• Se debe fortalecer a la población oprimida en su determinación
de luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para
resistir;
• Se debe fortalecer a los grupos sociales e instituciones
independientes del pueblo oprimido;
• Se debe crear una poderosa fuerza de resistencia interna; y
• Se debe desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico
global para la liberación, y ejecutarlo con destreza.
Una lucha de liberación es un tiempo en que el grupo que lucha
adquiere confianza en sí mismo y se fortalece internamente. Charles
Stewart Parnell, durante la campaña de huelga de los rentatarios en
Irlanda, 1879—1880, dijo:
No vale la pena confiar en el gobierno… Debéis confiar sólo en
vuestra propia determinación… Ayudaos a vosotros mismos apoyándoos
los unos a los otros… Fortaleced a los más débiles de entre vosotros…
Agrupaos y organizaos… y ganaréis…
Cuando hayais madurado las condiciones para que este asunto se
resuelva, entonces—y nunca antes de ese momento—se resolverá.4
Confrontada con una fuerza firme y confiada en sí misma, con
una estrategia concienzuda y de genuina solidez, la dictadura
eventualmente se desmoronará. Estos cuatro requisitos tendrán que
ser de algún modo satisfechos siquiera en un mínimo nivel.
Como lo indican estos argumentos, el liberarse de las dictaduras,
en última instancia, depende de la capacidad que la gente tenga de
liberarse a sí misma. Los casos antes mencionados en que el desafío
político—o la lucha noviolenta con fines políticos—ha tenido éxito,
sugieren que sí existen los medios para que la población se libere a sí
misma, pero esta opción no se ha ejercido plenamente. Examinaremos
en detalle esta alternativa en los próximos capítulos. Pero antes debemos
contemplar el tema de las negociaciones como medio para desmantelar
las dictaduras.
4
Patrick Sarsfield O’Hegarty, A History of Ireland Under the Union, 1880-1922 (Una
Historia de Irlanda Bajo la Unión, 1880-1922) London: Methuen, 1952), pp. 490-491.
DOS
LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES
Algunas personas, cuando tienen que enfrentarse a los severos
problemas de combatir una dictadura, se echan para atrás, y caen
en una sumisión pasiva (como lo vimos en el Capítulo Uno). Otras,
como no ven posibilidad alguna de alcanzar la democracia, pueden
llegar a la conclusión de que deben buscar un arreglo con la
dictadura, con la esperanza de que mediante la “conciliación”, el
“compromiso” y las “negociaciones”, podrán atraer a algunos
elementos positivos y acabar con las brutalidades. Superficialmente,
por carencia de opciones más realistas, esta manera de pensar es
atrayente.
Una pelea seria contra las dictaduras brutales no es una
perspectiva agradable. ¿Por qué hay que recorrer ese camino? ¿No
pueden todos ser razonables y encontrar maneras de hablar, de
negociar la forma de terminar gradualmente con la dictadura? ¿No
pueden los demócratas apelar al sentido común y de humanidad de
los dictadores, y convencerlos de que deben reducir su dominio poco
a poco, y quizás finalmente ceder por completo para que se establezca
una democracia?
A veces se argumenta que la verdad no está toda de un lado.
Quién sabe si los demócratas no han comprendido a los dictadores,
que acaso obraron con buenas intenciones y en circunstancias
difíciles. Quizá algunos piensen que los dictadores gustosamente
se separarían de la difícil situación que vive el país, si se les estimulara
o se les tentara a ello. Podría argumentarse que a los dictadores se
les debería ofrecer una solución por medio de la cual todo el mundo
saliera ganando. Los riesgos y dolores de proseguir la lucha podrían
ser innecesarios—se puede argumentar—si la oposición democrática
sólo desea terminar el conflicto pacíficamente por medio de
negociaciones (que podrían quizás contar con la ayuda de algunos
especialistas o hasta de otro gobierno). ¿No sería eso preferible a
una lucha difícil, aún cuando fuera una campaña dirigida por la
lógica de la acción noviolenta y no la de una guerra militar?
9
10 Gene Sharp
Ventajas y limitaciones de las negociaciones
Las negociaciones son un instrumento muy útil para resolver algunos
conflictos, y no deben desdeñarse o rechazarse cuando son apropiadas.
En algunas situaciones, cuando ningún asunto fundamental
está en juego y, por consiguiente, es aceptable el compromiso, las
negociaciones pueden ser un medio importante para zanjar un
conflicto. Una huelga laboral en demanda de mayores salarios es un
buen ejemplo del papel apropiado de las negociaciones en un conflicto:
un acuerdo negociado puede conseguir un aumento promediado en-
tre las cantidades originalmente propuestas por cada una de las partes
contendientes. Los conflictos laborales, con sindicatos legalmente
establecidos, son, sin embargo, algo muy diferente de los problemas
en los cuales están en juego la existencia permanente de una dictadura
cruel o el establecimiento de la libertad política.
Cuando los asuntos por resolver son fundamentales porque
afectan principios religiosos, problemas de la libertad humana o todo
el desarrollo futuro de la sociedad, las negociaciones no llevan a una
solución satisfactoria para ambas partes. En algunos asuntos básicos
no se debe transigir. Sólo un cambio en la correlación de fuerzas a
favor de los demócratas puede salvaguardar adecuadamente los
asuntos básicos que están a discusión. Ese cambio ocurre a través de
una lucha, no mediante negociaciones. Esto no quiere decir que las
negociaciones no deban usarse nunca. El hecho es que tales
negociaciones no son un modo realista de librarse de una férrea
dictadura cuando no existe una poderosa oposición democrática.
Por supuesto que hay circunstancias en que las negociaciones
pueden no ser una opción. Los dictadores firmemente establecidos,
que se sienten muy seguros de su posición, pueden negarse a negociar
con sus opositores democráticos. 0 bien, cuando ya se hayan iniciado
las negociaciones, los negociadores democráticos pueden desaparecer
y no regresar.
¿Rendición negociada?
Los individuos o grupos que se oponen a una dictadura y se inclinan
a las negociaciones, a menudo tienen buenos motivos para hacerlo.
En especial, cuando una lucha armada ha continuado durante varios
años contra una dictadura brutal sin una victoria final, es lógico que
De la Dictadura a la Democracia 11
todas las personas, sin importar su filiación política, deseen la paz.
Es probable que los demócratas estén especialmente dispuestos a
negociar cuando los dictadores evidentemente tienen la superioridad
militar y cuando la destrucción, las víctimas y los perjuicios sufridos
entre aquéllos ya no pueden soportarse más. Habrá entonces una
fuerte tentación de explorar cualquier otra opción que pueda rescatar
al menos algunos de los objetivos de los demócratas, a la vez que
pone fin a un ciclo de violencia y contraviolencia.
La oferta de “paz” mediante negociaciones que un dictador le
haga a la oposición democrática por supuesto no es del todo sincera.
La violencia podría ser inmediatamente terminada por los propios
dictadores si tan sólo éstos dejaran de hacer la guerra contra su propio
pueblo. Bien podrían, por su propia iniciativa y sin ninguna
negociación, restaurar el respeto a la dignidad y los derechos
humanos, liberar a los presos políticos, acabar con la tortura y sus-
pender las operaciones militares, retirarse del gobierno y hasta
pedirle excusas al pueblo.
Cuando la dictadura es fuerte pero existe una resistencia
irritante, puede que los dictadores deseen lograr la rendición de la
oposición bajo la cobertura de “hacer la paz”. El llamado a negociar
puede parecer atractivo, pero dentro de la sala de negociaciones acaso
se esconderían graves peligros.
Por otra parte, cuando la oposición es excepcionalmente fuerte
y la dictadura se encuentra de veras amenazada, los dictadores
pueden buscar la negociación como una manera de salvar lo más
posible de su capacidad de control o de sus riquezas. En ninguno
de estos casos deben los demócratas ayudar a los dictadores a lograr
sus metas.
Los demócratas deben desconfiar de las trampas que los
dictadores les pueden tender con pleno conocimiento de causa du-
rante un proceso de negociación. El llamado a negociar, cuando se
trata de cuestiones fundamentales de las libertades políticas, puede
ser un esfuerzo por parte de los dictadores para inducir a los
demócratas a rendirse pacíficamente, mientras que la violencia de
la dictadura continúa. En semejantes conflictos, las negociaciones
solamente podrán jugar un papel apropiado al final de una lucha
decisiva, en la cual el poder de los dictadores haya sido destruido y
estén éstos buscando pasaje seguro para llegar a un aeropuerto
internacional.
12 Gene Sharp
El poder y la justicia en las negociaciones
Si esta opinión parece un comentario demasiado áspero sobre las
negociaciones, quizá deba moderarse un poco el romanticismo que
se asocia con las mismas. Es necesario saber cuál es la dinámica de
las negociaciones.
Una “negociación” no significa que las dos partes se sientan
juntas, como iguales, y conversan hasta resolver el problema que
produjo el conflicto entre ellas. Es necesario recordar dos verdades.
Primera, que en las negociaciones no es la relativa justicia de los
puntos de vista en conflicto y sus objetivos lo que determina el
contenido del acuerdo negociado. Segunda, que el contenido de
éste lo determinará mayormente la capacidad de poder de cada parte.
Se deben considerar varias preguntas difíciles. ¿Qué puede
hacer cada una de las partes después para conseguir sus objetivos si
la otra decide no llegar a un acuerdo en la mesa de negociaciones?
¿Qué puede hacer cada una de las partes, luego de alcanzado el
acuerdo, si la otra rompe su palabra y usa la fuerza de la que dis-
pone para conquistar sus objetivos a pesar del acuerdo?
En las negociaciones no se llega a un acuerdo mediante una
evaluación de lo bueno y lo malo de las cuestiones sobre el tapete.
Aunque sobre esto pueda discutirse mucho, los verdaderos
resultados de las negociaciones se derivan de una evaluación realista
de las situaciones de poder absoluto y relativo de los grupos
contendientes. ¿Qué pueden hacer los demócratas para asegurarse
de que un mínimo de sus reclamaciones no serán denegadas? ¿Qué
pueden hacer los dictadores para mantenerse en control del poder y
neutralizar a los demócratas? En otras palabras, si se llega a un
acuerdo, lo más probable es que sea el resultado del estimado que
cada parte haga de la capacidad de poder de ambas y, en
consecuencia, calcule cómo podría terminar una lucha abierta entre
las dos.
Debe prestarse atención a lo que cada parte esté dispuesta a
ceder para llegar a un acuerdo. En negociaciones exitosas hay
concesiones recíprocas. Cada parte consigue parte de lo que quiere
y cede parte de sus objetivos.
En los casos de dictadura extrema, ¿qué es lo que las fuerzas
pro-democráticas van a ceder a los dictadores? ¿Qué objetivos de
los dictadores tendrán que aceptar las fuerzas democráticas?
¿Tendrán los demócratas que conceder a los dictadores, (sean éstos
De la Dictadura a la Democracia 13
un partido político o una camarilla militar), un papel permanente,
constitucionalmente establecido, en el futuro gobierno? ¿Dónde
queda la democracia entonces?
Aún pensando que todo salga bien en las negociaciones, hace
falta preguntarse: ¿qué clase de paz saldrá de ahí? ¿Será entonces la
vida mejor o peor que si los demócratas hubieran empezado o
continuado la lucha?
Dictadores “agradables”
Una variedad de motivos y objetivos subyacen la dominación de los
dictadores: poder, posición, riqueza, la reestructuración de la
sociedad y más. Uno debe recordar que ninguno de éstos será
satisfecho si abandonan sus puestos de control. En caso de negociar,
los dictadores tratarán de preservar sus objetivos.
Cualesquiera que sean las promesas que los dictadores ofrezcan
en un acuerdo negociado, uno no debe olvidar que ellos son capaces
de prometer cualquier cosa con tal de lograr el sometimiento de las
fuerzas opositoras democráticas, y después descaradamente violar
esos mismos acuerdos.
Si los demócratas acuerdan parar la resistencia a cambio de un
alivio en la represión, van a quedar muy defraudados. Una
suspensión de la resistencia muy raramente conduce a una
disminución de la represión. Cuando cesa la presión de la oposición
interna o internacional, los dictadores pueden ejercer la opresión y
la violencia aún más brutalmente que antes. El desmoronamiento
de la resistencia popular a menudo suprime la fuerza que sirve de
contrapeso y que ha limitado el control y la brutalidad de la
dictadura. Entonces los tiranos pueden avanzar contra los que
quieran. “Porque el tirano tiene poder de obrar sólo donde se carece
de fuerza para resistir”, dijo Krishnalal Shridharani.5
En los conflictos donde cuestiones fundamentales están en
juego, la resistencia, no las negociaciones, es lo esencial para el
cambio. En casi todos los casos, la resistencia debe continuar hasta
que los dictadores sean expulsados del poder. El triunfo lo determina
5
Krishnalal Shridharani, War Without Violence: A Study of Gandhi’s Method and Its
Accomplishments (Guerra sin Violencia: Un Estudio en los Métodos de Gandhi y
sus Logros), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1939, y reimpreso en Nueva York y
Londres: Garland Publishing, 1972), p. 260.
14 Gene Sharp
con más frecuencia, no la negociación de un arreglo, sino el uso
acertado de los métodos de resistencia más apropiados y poderosos
posibles. Estamos convencidos—y lo exploraremos en detalle más
adelante—que el desafío político o la lucha noviolenta es el método
más poderoso que pueden emplear los que luchan por la libertad.
¿Qué clase de paz?
Si los dictadores y los demócratas van a dialogar sobre la paz, es
necesario tener ideas claras por los peligros que ello implica. No
todos los que emplean la palabra “paz” quieren la paz con libertad y
justicia. El sometimiento a una cruel opresión y el consentimiento
pasivo frente a los dictadores desalmados, que han perpetrado
atrocidades en cientos y miles de personas, no constituye una
verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería
era el sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los
dictadores no es sino la de la prisión o la tumba.
Existen otros peligros. Hay negociadores bien intencionados
que a veces confunden los objetivos de las negociaciones con el
proceso de éstas. Es más, los negociadores democráticos o los
especialistas extranjeros aceptados para asistir a los negociadores,
pueden, de un solo plumazo, dotar a los dictadores de una
legitimidad doméstica e internacional que previamente se les había
negado a causa de haberse apoderado del estado, las violaciones de
los derechos humanos y las brutalidades cometidas. Sin esa
legitimidad tan desesperadamente necesitada no pueden los
dictadores continuar gobernando indefinidamente. Los
representantes de la paz no deben suministrarles esa legitimidad.
Razones para la esperanza
Como dijimos antes, los líderes de la oposición pueden sentirse
forzados a negociar si creen que la lucha democrática carece de toda
esperanza. Sin embargo, ese sentimiento de impotencia puede
cambiarse. Las dictaduras no son permanentes. Los que viven bajo
una dictadura no tienen por qué permanecer siempre débiles y a los
dictadores no es necesario permitirles que sigan siendo poderosos
indefinidamente. Hace mucho tiempo Aristóteles apuntó: “La
oligarquía y la tiranía son las constituciones que duran menos.”…
De la Dictadura a la Democracia 15
“En ninguna parte han durado mucho tiempo6.” Las dictaduras
modernas también son vulnerables. Se puede agravar su debilidad
y desintegrar su poder. (En el Capítulo Cuatro examinaremos estas
debilidades con más detalle).
La historia reciente muestra la vulnerabilidad de las dictaduras,
y revela que pueden desmoronarse en un plazo relativamente corto.
Se necesitaron diez años, de 1980 a 1990, para que se viniera abajo la
dictadura comunista en Polonia, Alemania Oriental y
Checoslovaquia. En 1989 ocurrió ésto en semanas. En El Salvador y
Guatemala, en 1944, la lucha contra los brutales dictadores bien
afianzados duró aproximadamente dos semanas en cada lugar. El
poderoso régimen militar del Shah de Irán fue socavado en pocos
meses. La dictadura de Marcos en Filipinas cayó ante el empuje del
pueblo en 1986. El gobierno de los Estados Unidos abandonó
rápidamente al Presidente Marcos cuando la fuerza de la oposición
se hizo patente. El intento de golpe de estado de línea dura en la
URSS en agosto de 1991 fue bloqueado en unos días por el desafío
popular. De ahí en adelante muchas de las naciones bajo un dominio
semejante, recuperaron su independencia en sólo días, semanas o
meses.
Está claro que no es válida la antigua idea de que los métodos
violentos obran rápidamente y que los noviolentos requieren mucho
tiempo. Aunque se requiera mucho tiempo para lograr cambios en
la situación subyacente y en la sociedad, la lucha concreta contra las
dictaduras a veces ocurre con relativa rapidez por medio de la acción
noviolenta.
Las negociaciones no son la única alternativa que hay entre una
guerra continua de aniquilación por una parte y la capitulación por
la otra. Los ejemplos ya citados, así como los apuntados en el
Capítulo Uno, ilustran que existe otra opción para aquellos que
quieren tanto la paz como la libertad, y ésa es el desafío político.
6
Aristotle, The Politics, traducción de T.A.Sinclair (Harmondsworth, Middlesex,
Inglaterra; y Baltimore, Maryland: “Penguin Books” 1976 [1962]). Libro V, capítulo
12, pp. 231 y 232.
TRES
¿DE DÓNDE SE DERIVA EL PODER?
Conseguir la libertad con paz, por supuesto que no es tarea fácil. Va
a requerirse para ello una gran destreza estratégica, organización y
planificación. Sobre todo, requiere poder. Los demócratas no pueden
esperar derribar la dictadura y establecer la libertad política sin la
capacidad de ejercer su propio poder en forma eficaz.
¿Pero cómo es posible esto? ¿Qué clase de poder podrá la
oposición democrática movilizar para destruir la dictadura y su vasta
red militar y policiaca? La respuesta se encuentra en una com-
prensión del poder político generalmente ignorada. Llegar a este
conocimiento intrínseco no es tarea demasiado difícil. Algunas
verdades fundamentales son muy sencillas.
La fábula del “Amo de los Monos”
Una parábola china del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, por ejemplo,
destaca muy bien esta interpretación descuidada acerca del poder
político:7
En el estado feudal de Chu, un viejo vivía de tener monos
a su servicio. Las gentes lo llamaban “ju gong”: el Amo de
los Monos.
Todas las mañanas el viejo reunía a todos los monos en su
patio y ordenaba al más viejo que condujera a los demás a
la montaña a recoger fruta de los árboles y matas. La regla
era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte
7
Esta historieta, originalmente titulada “Rule by Tricks” (“Gobernar por Tretas”), es
del Yu-Li-Zi, de Liu Ji (1311-1375). La traducción original se publicó en Nonviolent
Sanctions: News from the Albert Einstein Institution (Sanciones Noviolentas: Noticias
de la Institución Albert Einstein), (Cambridge, Mass.) Vol. IV, No. 3 (Invierno 1992-
1993) p. 3.
17
18 Gene Sharp
de lo que recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente
azotados. Todos los monos sufrían amargamente, pero
no se atrevían a protestar.
Un día, un monito les preguntó a los otros; “¿Fue el viejo
quien sembró los árboles y las matas?” Los otros le
respondieron: “No; brotaron solos.” El monito les dirigió
otra pregunta: “¿No podemos nosotros coger la fruta sin
permiso del viejo?” Los otros replicaron: “Sí, todos
podemos hacerlo.” El monito siguió: “¿Entonces por qué
tenemos que depender del viejo? ¿Por qué tenemos que
servirlo?”
Antes que el monito hubiera terminado su discurso todos
los monos de pronto se sintieron iluminados, y
despertaron.
Esa misma noche, al observar que el viejo se había quedado
dormido, los monos rompieron las barreras del vallado
donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto por
completo. También se apropiaron de cuanta fruta el viejo
tenía guardada y se la llevaron al bosque, y nunca más
volvieron. Al fin el viejo murió de inanición.
Yu-Li-Zi dice: “Algunos hombres en el mundo gobiernan
a su pueblo mediante tretas y no por principios rectos.
¿No son éstos iguales al amo de los monos? La gente no
se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les
ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de funcionar.”
Los recursos que necesita el poder político
El principio es sencillo. Los dictadores requieren la ayuda de los
gobernados, sin la cual no pueden ni disponer de las fuentes de poder
ni conservarlas. Entre las fuentes del poder político se encuentran
las siguientes:
De la Dictadura a la Democracia 19
• La autoridad – la creencia entre la gente de que el régimen es
legítimo y que tiene el deber moral de obedecerlo;
• Los recursos humanos – la cantidad e importancia de las per-
sonas y grupos que obedecen a los gobernantes, cooperan
con ellos o los apoyan;
• El conocimiento y las destrezas – los que el régimen necesita
para llevar a cabo acciones específicas, y que le son sumi-
nistrados por las personas y grupos que cooperan con él;
• Los factores intangibles – los factores sicológicos e ideológicos
que pueden mover a la gente a obedecer y apoyar a los
gobernantes;
• Los recursos materiales – hasta qué punto controlan los
gobernantes la propiedad o tienen acceso a ella, los recursos
naturales, el sistema económico y los medios de
comunicación y transporte; y
• Las sanciones – castigos con los que se amenaza, o que se
aplican a los desobedientes o a los que no colaboran, para
asegurar su sumisión y cooperación, necesarias ambas para
que exista el régimen y para que ponga en práctica sus
políticas.
Todas estas fuentes, sin embargo, dependen de la aceptación
del régimen, del sometimiento y obediencia de la población al mismo
y de la cooperación que le brindan innumerables personas y muchas
de las instituciones de la sociedad. Estas fuentes no están
garantizadas.
Una plena cooperación, obediencia y apoyo, harán más
asequibles los recursos que el poder necesita, y, en consecuencia,
fortalecerán la capacidad de obrar de cualquier gobierno.
Por otra parte, el negarles a los agresores y dictadores la
cooperación popular e institucional disminuye y puede anular el
20 Gene Sharp
acceso a las fuentes de poder de las que dependen los gobernantes.
Sin acceso a tales recursos, el poder de los gobernantes se debilita, y
finalmente se disuelve.
Naturalmente, los dictadores son sensibles a las acciones o ideas
que amenazan su capacidad de obrar como les dé la gana. Por lo
tanto, ellos están dispuestos a amenazar y castigar a quienes los
desobedezcan, les hagan huelgas o dejen de cooperar con ellos. No
obstante, aquí no acaba el cuento. Ni la represión ni cuantas
brutalidades se cometan siempre resultan en la recuperación del
grado de sumisión y cooperación que el régimen necesita para
funcionar.
Si, a pesar de la represión, se pueden restringir o recortar du-
rante un tiempo suficiente los recursos de los que depende el poder,
los resultados pueden ser la incertidumbre y la confusión dentro de
la dictadura. Es probable que sobrevenga entonces un notable
debilitamiento de su poder. Con el tiempo, el quitarle los recursos
al poder producirá la parálisis y la impotencia del régimen y, en
casos muy severos, su desintegración. El poder de los dictadores se
ira muriendo, lenta o rápidamente, de inanición política.
Por lo tanto, el grado de libertad o tiranía que existe bajo
cualquier gobierno es en gran medida un reflejo de la relativa
determinación de los súbditos de ser libres , y de la voluntad y
capacidad de éstos de ofrecer resistencia a los esfuerzos que el
gobierno haga por esclavizarlos.
Contradiciendo la opinión popular, aún las dictaduras
totalitarias dependen de la población y las sociedades que gobiernan.
Como apuntó el politólogo Karl W. Deutsch en 1953:
El poder totalitario es fuerte sólo si no tiene que ejercerse
con mucha frecuencia. Si el poder totalitario tiene que
imponerse sobre toda la población y en todo momento,
no es probable que se mantenga vigoroso por mucho
tiempo. Como los regímenes totalitarios requieren más
poder que cualquier otro tipo de gobierno para
relacionarse con sus gobernados, tienen una necesidad
mayor de que los hábitos de sumisión estén más amplia y
De la Dictadura a la Democracia 21
firmemente extendidos entre su pueblo. Más aún, tienen,
en caso de necesidad, que poder contar con el apoyo activo
de porciones significativas de la población.8
John Austin, el teórico inglés del siglo XIX, describió la situación
de una dictadura que se enfrentara a un pueblo descontento. Aus-
tin argumentaba que si la mayoría de la población estaba decidida a
destruir al gobierno, y se hallaba dispuesta a soportar la represión
que le impusiera por ello, entonces el poder del gobierno, incluyendo
aquellos que lo apoyaban, no podría preservar al odiado régimen,
inclusive si recibiera ayuda del extranjero. No se podría someter de
nuevo al pueblo desafiante a la obediencia y la sumisión
permanentes, concluía Austin.9
Mucho antes, Nicolás Maquiavelo había explicado que el
princípe “… que tiene a todo el pueblo por su enemigo, nunca puede
estar seguro, y mientras mayor sea su crueldad, mas débil se irá
volviendo su régimen”.10
La aplicación política de estos principios la demostraron en la
práctica los heróicos noruegos que resistieron la ocupación nazi, y,
como se mencionó en el Capítulo Uno, los valientes polacos,
alemanes, checos, eslovacos y muchos más que resistieron la agresión
comunista y su dictadura, y que finalmente contribuyeron a producir
el desmoronamiento del régimen comunista en Europa. Este, por
supuesto, no es un fenómeno nuevo. Los casos de resistencia
noviolenta se remontan por lo menos hasta el año 494 a. de C., cuando
los plebeyos les negaron su cooperación a sus amos, los patricios
romanos.11 Los pueblos en Asia, Africa, las Américas, Australasia y
8
Karl W. Deutsch, “Cracks in the Monolith” (“Grietas en el Monolito”), en la edición
de Carl J. Friedrich de Totalitarianism (El Totalitarismo), (Cambridge, Mass: Harvard
University Press, 1954), pp. 313-314.
9
John Austin, Lectures on Jurisprudence or the Philosophy of Positive Law (Conferencias
sobre Jurisprudencia o Filosofía del Derecho Positivo), (5ta. edición, revisada y
editada por Robert Campbell, vol 2, Londres: John Murray, 1911 (1861 ) Vol 1 P 296.
10
Niccolo Machiavelli “The Discourses of the First Ten Books of Livy” (“Comentarios
a las Décadas de Tito Livio”), en The Discourses of Niccolo Machiavelli (Los Comentarios
de Niccolo Machiavelli), (Londres: Routledge y Kegan Paul, 1950), Vol 1, p 254.
11
Ver Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action (La Política de la Acción Noviolenta),
(Boston: Porter Sargent, 1973), p 75 Y aquí y allá se encontrarán otros ejemplos
históricos.
22 Gene Sharp
las islas del Pacífico, así como en Europa han empleado la lucha
noviolenta en distintos momentos.
Tres de los factores más importantes para determinar hasta qué
grado estará o no controlado el poder del gobierno, son: 1) el deseo
relativo por parte de la población de imponerle limites al poder del
gobierno; 2) la fuerza relativa de las organizaciones e instituciones
independientes para quitarle colectivamente los recursos que
necesita el poder; y 3) la relativa capacidad por parte de la población
de negarle su consentimiento y apoyo.
Centros de poder democrático
Una de las características de la sociedad democrática es que existe
una multitud de grupos e instituciones nogubernamentales. Ellas
incluyen, por ejemplo, la familia, las organizaciones religiosas, las
asociaciones culturales, clubes deportivos, instituciones económicas,
sindicatos, instituciones estudiantiles, partidos políticos, pueblitos,
asociaciones de colonos, clubes de jardinería, organizaciones de
derechos humanos, grupos musicales, sociedades literarias y otras.
Estos cuerpos son importantes porque establecen sus propios
objetivos y también porque ayudan a satisfacer las necesidades de
la sociedad.
Además, estos cuerpos tienen un gran significado político.
Suministran las bases grupales e institucionales para que la gente
pueda ejercer su influencia en la sociedad y resistir la de otros grupos
o del gobierno cuando éstos claramente se inmiscuyan injustamente
en sus intereses, actividades y propósitos. Los individuos aislados
que no son miembros de estos grupos, por lo general se hallan
incapacitados para producir un impacto significativo en la sociedad,
mucho menos en el gobiemo, y ciertamente no en una dictadura.
Por lo tanto, si la autonomía y libertad de tales cuerpos puede
ser suprimida por los dictadores, la población quedará relativamente
indefensa. Además, si estas instituciones pueden ser controladas
dictatorialmente por el poder central, o sustituidas por otras bajo
control de aquél, podrán ser utilizadas para controlar tanto a los
miembros individuales de éstas como a las áreas correspondientes
de la sociedad.
De la Dictadura a la Democracia 23
No obstante, si la autonomía y libertad de estas instituciones
civiles independientes (fuera del control gubernamental) se pueden
mantener o recuperar, éstas serán de suma importancia para la
aplicación del desafío político. El rasgo común en los ejemplos
citados, donde las dictaduras han sido desintegradas o debilitadas,
ha sido la valiente aplicación masiva del desafío político por la
población y sus instituciones.
Como hemos afirmado, estos centros de poder sirven de bases
institucionales desde las cuales la población puede ejercer presión o
resistir los controles dictatoriales. En el futuro, serán una base
estructural indispensable para una sociedad libre. El crecimiento
continuado y la independencia de las mismas, por consiguiente, es
a menudo el requisito previo para el triunfo de una lucha de
liberación.
Si la dictadura ha tenido éxito en destruir o controlar los cuerpos
independientes de la sociedad, será importante para los que ofrezcan
resistencia, crear nuevos grupos sociales e instituciones
independientes, o tratar de recuperar el control de los cuerpos
sociales supervivientes o de los parcialmente controlados. Durante
la revolución húngara de 1956-57, apareció una multitud de “concejos
de democracia directa”, que llegaron a juntarse inclusive para
establecer durante varias semanas todo un sistema federal de
instituciones y gobierno. En Polonia, durante las postrimerías de
1980, los trabajadores mantuvieron sindicatos ilegales de Solidaridad
y, en algunos casos, tomaron el control de los sindicatos oficiales
dominados por los comunistas. Algunos de estos procesos
institucionales pueden tener consecuencias políticas muy
importantes.
Por supuesto, nada de esto significa que sea fácil debilitar o
destruir una dictadura, ni que cualquier intento de hacerlo tendrá
éxito. Desde luego no quiere decir que la lucha estará libre de
víctimas, porque los que todavía estén sirviendo a la dictadura van
a contraatacar en un esfuerzo por obligar a la población a regresar a
la cooperación y la obediencia.
Sin embago, esta nueva percepción del poder significa, que la
desintegración deliberada de una dictadura sí es posible. Las dictaduras,
24 Gene Sharp
en particular, tienen características específicas que las hacen
vulnerables al desafío político diestramente implementado.
Examinemos con más detalle estas características.
CUATRO
LAS DICTADURAS TIENEN PUNTOS DÉBILES
Por lo general las dictaduras parecen invulnerables. Las agencias
de inteligencia, la policía, las fuerzas militares, las prisiones, los cam-
pos de concentración y los pelotones de fusilamiento, están
controlados por unos pocos con mucho poder. Las finanzas de un
país, sus recursos naturales y su capacidad de producción a menudo
son saqueados por los dictadores y usados para apoyar la voluntad
de los dictadores.
En comparación, los fuerzas democráticas con frecuencia
aparecen como extremadamente débiles, ineficaces e impotentes. La
percepción de la invulnerabilidad frente a la impotencia hace poco
probable una oposición efectiva.
Sin embargo, esto no agota el tema.
Identificando el talón de Aquiles
Un mito de la Grecia clásica ilustra bien la vulnerabilidad de lo
supuestamente invulnerable. A Aquiles, el guerrero, ningún golpe
podía dañarlo, y ninguna espada penetrar su piel. Cuando era un
recién nacido, se supone que su madre lo había sumergido en las
aguas del mágico río Estigio, y por eso su cuerpo estaba protegido
contra todos los peligros. Había, sin embargo, un problema. Como
el niño había sido sostenido por el talón para que no fuese arrastrado
por la corriente, el agua mágica no había cubierto esa pequeña
porción de su cuerpo. Cuando Aquiles se hizo un hombre, les parecía
a todos que era invulnerable frente a las armas enemigas. Pero en la
batalla de Troya un soldado enemigo, instruido por alguien que
conocía la debilidad de aquél, logró clavarle una flecha en el talón
desprotegido, en el único lugar donde podía ser herido. La herida
fue fatal. Todavía hoy la frase “el talón de Aquiles” se refiere a la
parte vulnerable de una persona, un plan o una institución donde si
se le ataca, no está protegida.
25
26 Gene Sharp
El mismo principio se aplica a los dictadores más desalmados.
Ellos también pueden ser vencidos, pero más rápidamente y con un
costo menor si sus debilidades pueden identificarse y se concentra
en ellas el ataque.
Puntos débiles de las dictaduras
Entre los puntos débiles de las dictaduras están los siguientes:
1. Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas
personas, grupos e instituciones que necesitan para hacer
funcionar el sistema.
2. Los requisitos y efectos de las políticas anteriores del
régimen, de cierta manera limitan su capacidad presente
para adoptar y ejecutar políticas contrarias.
3. El sistema puede convertirse en rutinario en cuanto a su
modo de obrar y ser menos apto para ajustarse rápidamente
a situaciones nuevas.
4. El personal y los recursos ya destinados para las tareas
habituales no estarán fácilmente disponibles para nuevas
necesidades.
5. Los subordinados, temerosos de no complacer a sus
superiores, pueden no proporcionar todos los detalles de la
información que los dictadores necesitan para tomar
decisiones.
6. La ideología puede erosionarse; los mitos y símbolos del
sistema pueden perder su solidez.
7. Si hay una fuerte ideología que influye en la visión de la
realidad, una adhesión firme a la misma puede ser causa de
desatención de las condiciones y necesidades reales.
De la Dictadura a la Democracia 27
8. El deterioro de la competitividad y eficiencia de la burocracia,
o los excesivos controles y regulaciones, pueden volver
ineficaces las políticas y operaciones del sistema.
9. Los conflictos institucionales internos y las rivalidades y
hostilidades personales pueden dañar, o aún interrumpir,
las operaciones de la dictadura.
10. Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse
por las condiciones o restricciones o el enfoque doctrinario y
la represión.
11. El público en general puede, con el tiempo, volverse apático
y hasta hostil al régimen.
12. Las diferencias regionales, de clase o nacionales pueden
agudizarse.
13. La jerarquía del poder de una dictadura es siempre, hasta
cierto punto, inestable y a veces lo es extremadamente; los
individuos no permanecen inmutables en sus posiciones y
rangos, sino que pueden elevarse o caer a otros niveles, o ser
separados por completo y sustituidos por un personal nuevo.
14. Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar
para lograr sus propios objetivos, aún cuando esto sea con-
tra la voluntad de los dictadores en el poder, y llegar hasta el
golpe de estado.
15. Si la dictadura es nueva, necesita tiempo para afianzarse
bien.
16. Como en una dictadura muy pocos toman muchas
decisiones, es probable que ocurran errores de juicio, de
política o de acción.
28 Gene Sharp
17. Si el gobierno está buscando evitar estos peligros, y
descentraliza los controles y la toma de decisiones, su con-
trol de los puntos clave para el poder puede deteriorarse aún
más.
Atacando las debilidades de la dictadura
Conociendo semejantes debilidades intrínsecas, la oposición
democrática puede buscar cómo agravar esos “talones de Aquiles”
deliberadamente, a fin de alterar el sistema drásticamente o bien
desintegrarlo.
La conclusión es obvia. A pesar de la apariencia de fuerza,
todas las dictaduras tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas,
sus rivalidades personales, sus funcionamientos institucionales
defectuosos y sus conflictos entre organizaciones y departamentos.
Estas debilidades, con el tiempo, tienden a hacer al régimen menos
efectivo y más vulnerable a los cambios de condiciones y a la
resistencia deliberada. No todo lo que el régimen se proponga lo va
a lograr, al menos completamente. A veces, por ejemplo, aún las
órdenes directas de Hitler quedaron sin ejecutarse porque los que
estaban por debajo de él en la jerarquía se abstenían de llevarlas a
cabo. El régimen dictatorial puede a veces desbaratarse rápidamente,
como ya hemos observado.
Esto no quiere decir que las dictaduras se pueden destruir sin
riesgos ni víctimas. Cualquier curso de acción posible para lograr la
liberación incurrirá en riesgos y sufrimiento potencial, y tomará
tiempo para poder ponerse en marcha. Y, por supuesto, ningún
medio de acción puede asegurar el triunfo rápido en cada situación.
Sin embargo, los tipos de lucha que tienen como objetivo las
debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidad
de éxito que aquéllos en que se busca combatir la dictadura allí donde
a todas luces ésta es más fuerte. La pregunta es: ¿cómo ha de
conducirse esta lucha?
CINCO
EJERCIENDO EL PODER
En el Capítulo Uno advertimos que la resistencia armada contra las
dictaduras no las afecta donde son más débiles sino más bien donde
son más fuertes. Al escoger competir en el campo de las fuerzas
militares, el suministro de armamentos, la tecnología armamentista
y demás, los movimientos de resistencia tienden a situarse donde
están en clara desventaja. Las dictaduras casi siempre podrán
desplazar recursos superiores en esas áreas. Hemos subrayado
también el peligro de confiar en los poderes extranjeros para la
salvación. En el Capítulo Dos examinamos los problemas que
conlleva confiar en las negociaciones como un modo de quitarse las
dictaduras de encima.
¿Cuáles son los medios disponibles que ofrecerán a la resistencia
democrática una clara ventaja y que lograrán agravar las debilidades
identificadas de las dictaduras? ¿Qué técnica de acción va a
aprovechar la teoría del poder político que discutimos en el Capítulo
Tres? La alternativa a escoger es el desafío político.
El desafío político tiene las siguientes características:
• No acepta que los resultados sean decididos por los medios
de lucha escogidos por la dictadura.
• Es difícil para el régimen combatirlo.
• Puede agravar extraordinariamente las debilidades de la
dictadura y negarle acceso a sus fuentes de poder.
• Puede dispersarse ampliamente en cuanto a la acción, pero
también puede concentrarse en un objetivo específico.
• Conduce a errores de juicio y de acción por parte de los
dictadores.
29
30 Gene Sharp
• Puede utilizar a la población como un todo, y a los grupos e
instituciones de la sociedad en la lucha y acabar con el
dominio brutal de unos pocos.
• Sirve para acrecentar la distribución del poder efectivo en la
sociedad, haciendo que el establecimiento y mantenimiento
de una sociedad democrática sea más viable.
La dinámica de la lucha noviolenta
Como sucede con la capacidad militar, el desafío político se puede
emplear con una variedad de propósitos, que van desde esforzarse
por influir en los opositores para que hagan cosas diferentes, crear
condiciones para la solución pacífica de un conflicto, hasta
desintegrar el régimen de los adversarios. Pero la dinámica del
desafío político es muy diferente a la de la violencia. Aunque ambas
técnicas son herramientas para luchar, lo hacen por medios muy
distintos, y con distintas consecuencias. Los modos y resultados de
un conflicto violento son bien conocidos. Las armas físicas se usan
para intimidar, herir, matar y destruir.
La lucha noviolenta es una técnica mucho más variada y
compleja que la violencia. A diferencia de ésta, es una lucha que
emplea armas políticas, económicas, sociales y sicológicas, aplicadas
por la población y las instituciones de la sociedad. A estas armas se
les ha conocido bajo diversos nombres, como protestas, huelgas,
desobediencia o nocooperación, boicot, descontento y poder popu-
lar. Como advertimos antes, todos los gobiernos pueden gobernar
mientras, por medio de la cooperación, sumisión y obediencia de la
población y de las instituciones de la sociedad, reciban el constante
refuerzo de las fuentes de poder que necesitan. El desafío político, a
diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo para negarle
acceso al régimen a esas fuentes de poder.
Las armas y la disciplina noviolentas
El error común de las campañas improvisadas de desafío político,
es la dependencia o confianza en uno o dos procedimientos, tales
De la Dictadura a la Democracia 31
como las huelgas y las manifestaciones. De hecho, existe una
multitud de procedimientos que les permiten a los estrategas de la
resistencia tanto concentrar como dispersar la resistencia, según haga
falta.
Se han podido identificar hasta cerca de doscientos métodos
de acción noviolenta y, por supuesto, hay muchos más. Estos
procedimientos se clasifican en tres grandes categorías: protesta y
persuasión, nocooperación e intervención. Los métodos noviolentos
de protesta y persuasión son mayormente manifestaciones
simbólicas, que incluyen desfiles, marchas y vigilias (54 métodos).
La nocooperación se divide en tres sub-categorías: a) de
nocooperación social (16 métodos), b) de nocooperación económica:
el boicot inclusive (26 métodos) y huelgas (23 métodos), y c) de
nocooperación política (38 métodos). La intervención noviolenta,
mediante procedimientos sicológicos, sociales, económicos o
políticos tales como el ayuno, la ocupación noviolenta y el gobierno
paralelo (41 métodos), es el último grupo. Una lista de 198 de estos
métodos se incluye en el apéndice de esta publicación.
Es probable que a cualquier régimen ilegítimo le cause graves
problemas el uso de un número considerable de estos métodos—
cuidadosamente escogidos, aplicados persistentemente y en gran
escala, fundidos en el contexto de una sabia estrategia y de tácticas
apropiadas, por civiles adiestrados. Esto es aplicable a todas las
dictaduras.
Los procedimientos de la lucha noviolenta pueden enfocar
directamente los asuntos más inmediatos, lo cual no es posible con
los medios militares. Por ejemplo, ya que el problema que presenta
una dictadura es esencialmente político, sería muy importante aplicar
las formas políticas de la lucha noviolenta. Esto incluiría la negación
de la legitimidad a los dictadores y la nocooperación con su régimen.
La nocooperación sería también aplicada contra algunas políticas
específicas. A veces el obstaculizar el trabajo o el demorarlo puede
realizarse en silencio, o aún secretamente, mientras que otras veces,
la franca desobediencia o las desafiantes manifestaciones públicas y
las huelgas, pueden ser vistas por todos.
Por otra parte, si la dictadura es vulnerable a las presiones
32 Gene Sharp
económicas, o si muchos de los agravios del pueblo son económicos,
entonces la acción económica, como el boicot o las huelgas, puede
ser el procedimiento apropiado para la resistencia. Los esfuerzos
del dictador por explotar el sistema económico pueden
contrarrestarse mediante huelgas generales limitadas, demoras en
el ritmo del trabajo o por la negación de ayuda (o desaparición) de
parte de los expertos. El uso selectivo de diversos tipos de huelgas
puede enfocar puntos clave en el proceso manufacturero, en el
transporte, en el suministro de materias primas y en la distribución
de productos.
Algunas tácticas de la lucha noviolenta requieren que la gente
realice actos que no están relacionados con su vida normal, tales
como volantear, manejar una imprenta clandestina, ponerse en
huelga de hambre o sentarse a media calle. Salvo en situaciones
muy extremas, para algunas personas estas acciones pueden ser
difíciles de llevar a cabo.
Por el contrario, otros métodos de lucha noviolenta, requieren
que la gente continúe llevando su vida normal aunque con algunas
diferencias. Por ejemplo, pueden ir a trabajar en vez de ponerse en
huelga, pero una vez allí, deliberadamente trabajar más lentamente
o con menos eficacia que siempre. Conscientemente se pueden
cometer “errores” con más frecuencia. A veces, uno puede estar
“enfermo” o “impedido” de trabajar, o simplemente se puede negar
a trabajar. Uno puede asistir a una ceremonia religiosa cuando tal
acto no sólo expresa las convicciones religiosas sino las políticas. Se
puede proteger a los niños de la propaganda de los atacantes
mediante la instrucción en casa o en clases ilegales. Uno puede
negarse a pertenecer a cierta organización “recomendada”, o
impuesta a la cual uno antes no hubiera escogido pertenecer
libremente. La semejanza de tal tipo de acción con las actividades
acostumbradas de las gentes, y el grado limitado de desviación de
la vida normal, pueden hacer que la participación en la lucha de
liberación nacional sea mucho más fácil para mucha gente.
Como la lógica de la lucha noviolenta difiere en muchos
aspectos de la acción violenta, hasta una violencia limitada sería
contraproducente durante una campaña de desafío político, porque
De la Dictadura a la Democracia 33
desviaría la lucha hacia un campo donde los dictadores tienen una
ventaja abrumadora (la contienda armada). La disciplina noviolenta
es clave para el éxito, y debe persistirse en ella a pesar de las
provocaciones y brutalidades de los dictadores y sus agentes.
El mantener la disciplina noviolenta contra los adversarios
violentos facilita el trabajo de los cuatro mecanismos de cambio de
la lucha noviolenta (de lo que trataremos más adelante). La disciplina
noviolenta es también extremadamente importante en el proceso del
jiu-jitsu político. En éste, la pura brutalidad del régimen contra los
activistas claramente noviolentos rebota políticamente contra la
posición del dictador, causando disensión en sus propias filas, y
fomentando el apoyo a los de la resistencia de parte de la población
en general, de los que generalmente defienden al régimen y de
terceras personas.
Sin embargo, en algunos casos una violencia limitada contra
la dictadura puede ser inevitable. La frustración y el odio contra el
régimen pueden explotar violentamente. O bien, ciertos grupos
pueden no estar deseosos de abandonar el uso de medios violentos
aún cuando reconozcan el importante papel de la lucha noviolenta.
En estos casos no es necesario abandonar el desafío político. Sin
embargo, será necesario separar la acción violenta lo más posible de
la acción noviolenta. Esto ha de hacerse en términos geográficos, de
sectores de la población, de tiempo y de problemas. De otro modo,
la violencia puede tener efectos desastrosos sobre el uso del desafío
político, el cual potencialmente, es mucho más poderoso y eficaz.
La historia indica que aún cuando se espera que haya víctimas,
tanto muertos como heridos, en el desafio político las habrá en
número mucho menor que las que se producirían en la contienda
armada. Es más, este tipo de lucha no contribuye al ciclo intermi-
nable de matazón y brutalidad.
La lucha noviolenta requiere una pérdida del miedo y un mayor
control sobre sí mismo, por una parte, y tiende a producir este efecto
frente al gobierno y su represión brutal. Esa pérdida del miedo, o el
control sobre sí mismo, es un elemento clave para destruir el poder
que los dictadores tienen sobre la población en general.
34 Gene Sharp
Franqueza, clandestinidad y comportamiento intachable
La clandestinidad, el engaño y la conspiración subterránea le
plantean problemas muy graves a un movimiento que emplee la
acción noviolenta. A menudo, es prácticamente imposible impedir
que los agentes de la policía o de la inteligencia se enteren de las
intenciones y los planes. Desde la perspectiva del movimiento, el
clandestinaje no sólo tiene sus raíces en el miedo sino que contribuye
a aumentarlo. Esto reblandece el espíritu de la resistencia y reduce
el número de personas que podrían participar en una acción
específica. También puede contribuir a que dentro del movimiento,
haya sospechas y acusaciones, a menudo injustificadas, acerca de
quien podría ser un informante o un agente de los contrarios. El
secreto también puede afectar la habilidad de un movimiento para
persistir en la práctica de la noviolencia. Al contrario, la franqueza
en cuanto a planes e intenciones contribuirá a dar la imagen de que
el movimiento de resistencia es en extremo poderoso. El problema,
por supuesto, es más complejo de lo que esto sugiere, y hay aspectos
significativos de las actividades de la resistencia que van a requerir
el secreto. Los entendidos tanto en la dinámica de la lucha noviolenta
como en los medios de vigilancia de la dictadura en la situación
específica necesitarán una evaluación bien documentada.
La edición, impresión y distribución de publicaciones
clandestinas, las trasmisiones ilegales por radio desde dentro del
país y la inteligencia recogida sobre las operaciones de la dictadura,
están entre las clases limitadas de actividades especiales que
requieren un alto grado de sigilo.
En todas las etapas del conflicto es necesario mantener un
comportamiento intachable en la acción noviolenta. Factores como
el no tener miedo y el mantener la disciplina noviolenta deben estar
siempre presentes. Es importante tener en cuenta que va a necesitarse
un gran número de gente para efectuar grandes cambios. Esa
cantidad de participantes confiables sólo se puede obtener
manteniendo el más alto nivel de comportamiento.
De la Dictadura a la Democracia 35
Cambios en las relaciones de poder
Los estrategas necesitan recordar que el conflicto donde se aplica el
desafío político es un campo de lucha siempre cambiante, con un
continuo juego de ataques y contraataques. Nada es estático. Las
relaciones de poder, tanto absolutas como relativas, están sujetas a
cambios rápidos y constantes. Esto es posible porque los que trabajan
en la resistencia continúan tenazmente en su actividad noviolenta a
pesar de la represión.
En este tipo de situación de conflicto, las respectivas variaciones
de poder en los bandos contendientes, tienden a ser más extremas
que en los conflictos violentos, y tienen una gama más variada de
consecuencias significativas en lo político. Debido a esas variaciones,
las acciones específicas de los de la resistencia, por lo general, tienen
consecuencias que van más allá del lugar o el momento en que
ocurren. Estos efectos tendrán repercusiones que fortalecerán o
debilitarán a un grupo u otro.
Además, el grupo noviolento puede, por sus acciones, influir
sobre el aumento o disminución de la fuerza relativa del grupo
contrario, en un grado mucho mayor del que ocurre en los conflictos
militares. Por ejemplo, la resistencia noviolenta, disciplinada y
valiente, frente a la brutalidad de los dictadores puede producir
desazón, descontento o desconfianza, y, en situaciones extremas,
hasta el amotinamiento entre los propios soldados y el personal al
servicio de la dictadura. Esta resistencia también puede dar lugar a
que aumente la condena internacional de la dictadura. Además, el
empleo del desafío político disciplinado, persistente y bien
adiestrado, puede hacer que más y más gente, que normalmente
apoyaría tácitamente a los dictadores o que por lo general
permanecerían neutrales en el conflicto, participe en la resistencia.
Cuatro mecanismos de cambio
La lucha noviolenta produce cambios de cuatro maneras. El primer
mecanismo es el que se consideraría menos probable, aunque así ha
ocurrido. Cuando los miembros del grupo contrario se conmueven
36 Gene Sharp
emocionalmente por los sufrimientos que la represión ha infligido
en los valientes activistas de la resistencia, o racionalmente se
persuaden de que la causa de los de la resistencia es justa, llegan a
aceptar los objetivos de los de la resistencia. A este mecanismo se le
llama conversión. Aunque se dan casos de conversión en la lucha
noviolenta, son raros, y en la mayor parte de los conflictos esto no
ocurre de manera alguna, o por lo menos en escala significativa.
Con mucha más frecuencia la lucha noviolenta obra cambiando
la situación del conflicto y de la sociedad, de modo que el adversario
simplemente no puede hacer lo que le viene en gana. Es este cambio
el que produce los otros tres mecanismos: la acomodación, la coerción
noviolenta y la desintegración. Cuál de éstos ocurra dependerá del
grado en que las relaciones de poder, absolutas o relativas, hayan
cambiado a favor de los demócratas.
Si las cuestiones a debatir no son fundamentales, las exigencias
de la oposición en una campaña limitada no se consideran
amenazantes, y la confrontación de fuerzas ha alterado las relaciones
de poder en alguna medida, el conflicto inmediato puede terminar
por medio de un arreglo al que se llegue cediendo cada parte algo,
contemporizando. A este mecanismo se le llama acomodación. Por
ejemplo, muchas huelgas se resuelven de esta manera, ambas partes
consiguen algunos de sus objetivos, pero ninguna obtiene todo lo
que quería. El gobierno puede percibir que un arreglo semejante
trae algunos beneficios positivos, tales como disminuir la tensión,
dar una impresión de “equidad”, mejorar la imagen internacional
del régimen. Es importante, por lo tanto, que se tenga gran cuidado
al seleccionar los puntos por los cuales el arreglo por acomodación
resulte aceptable. La lucha por derribar la dictadura no es uno de
ésos.
La lucha noviolenta puede ser mucho más poderosa de lo que
indican los mecanismos de conversión o acomodación. La
nocooperación masiva y el desafío pueden cambiar la situación
política o social, especialmente las relaciones de poder, de tal manera
que los dictadores pierden la capacidad de controlar los procesos
económicos, sociales y políticos del gobierno y la sociedad. Las
fuerzas militares del adversario pueden volverse tan poco confiables
De la Dictadura a la Democracia 37
que ya simplemente no obedezcan las órdenes de reprimir a los de
la resistencia. Aunque los dirigentes del gobierno permanezcan en
sus posiciones y sigan firmes en cuanto a sus objetivos originales,
han perdido la capacidad de actuar con efectividad. A esto se le
llama coerción noviolenta.
En algunas situaciones extremas, las condiciones que ha
producido la coerción noviolenta van aún mas lejos. La dirigencia
adversaria, de hecho, pierde toda su capacidad de actuar, y se viene
abajo toda su estructura de poder. La autoconducción, la
nocooperación y el desafío de los de la resistencia se hacen tan per-
fectos que sus adversarios ahora carecen hasta del simulacro de con-
trol sobre ellos. La burocracia del adversario se niega a obedecer a
su propia dirigencia. Las tropas de los adversarios y su policía se
amotinan. Los simpatizantes y colaboradores del poder adverso
repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan derecho alguno a
mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración
desaparecen. El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del
sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera
poder suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado.
Al planificar las estrategias para la liberación, estos cuatro
mecanismos deben tenerse en cuenta. Algunas veces operan por
casualidad. Sin embargo, la selección de uno o más de éstos como el
mecanismo de cambio escogido para que obre en el conflicto, hará
posible que se formulen estrategias específicas que se refuercen
mutuamente. La selección de uno o más mecanismos dependerá de
numerosos factores, inclusive del poder absoluto y relativo de los
grupos contendientes y de las actitudes y objetivos del grupo
noviolento.
Efectos democratizadores del desafío político
En contraste con los efectos centralizantes de las sanciones violentas,
el empleo de las técnicas de la lucha noviolenta contribuye a
democratizar la sociedad de varias maneras.
Una parte del efecto democratizador es negativo. Esto es, en
contraste con los medios armados, esta técnica no suministra un
38 Gene Sharp
instrumento para la represión bajo el mando de una élite gobernante,
que pueda volverse contra la población para establecer y mantener
una dictadura. Los líderes de un movimiento de desafío político
pueden influir en o presionar a sus seguidores, pero no pueden ni
encarcelarlos ni ajusticiarlos si disienten o escogen otros líderes.
La otra parte del efecto democratizador es positiva. Esto quiere
decir que la lucha noviolenta le da a la población armas para la
resistencia, que podrán usar para defender sus libertades tanto con-
tra los dictadores que existen como contra los que puedan existir. A
continuación, mencionamos varios de los efectos democratizadores
positivos que tiene la lucha noviolenta:
• La experiencia de aplicar la lucha noviolenta puede hacer
que la población confíe más en sí misma, en cuanto a desafiar
las amenazas del régimen y la capacidad de éste para la
represión violenta.
• La lucha noviolenta entrega las armas de la nocooperación y
el desafío, mediante las cuales la población puede resistirse
a los controles no democráticos que imponga sobre ella
cualquier grupo dictatorial.
• La lucha noviolenta se puede usar para defender la práctica
de las libertades democráticas, tales como la de expresión, la
prensa libre, las organizaciones independientes y el derecho
a reunirse enfrentándose a controles represivos.
• La lucha noviolenta contribuye en forma importante a la
supervivencia, renacimiento y fortalecimiento de los grupos
e instituciones independientes de la sociedad como
mencionamos antes. Estas son importantes para la
democracia por el valor que tienen para movilizar la
capacidad de poder de la población y de imponerle límites
al poder efectivo de cualquier dictador en potencia.
De la Dictadura a la Democracia 39
• La lucha noviolenta suministra armas mediante las cuales la
población logra concentrar su poder contra la acción
represiva, policiaca o militar, ejercida por un gobierno dicta-
torial.
• La lucha noviolenta ofrece métodos mediante los cuales la
población y las instituciones independientes pueden, en
interés de la democracia, restringirle o negarle los recursos
de poder a la minoría gobernante y por lo tanto, amenazar
su capacidad de seguir ejerciendo la dominación.
La complejidad de la lucha noviolenta
Como hemos visto en esta exposición, la lucha noviolenta es una
compleja técnica de acción social, que comprende una multitud de
métodos, una serie de mecanismos de cambio y unos requisitos
conductuales específicos. Para que resulte efectivo, especialmente
contra una dictadura, el desafío político requiere preparación y
planeación. Los probables participantes tendrán necesidad de
comprender qué se espera de ellos. Hace falta que haya recursos
disponibles. Los estrategas tendrán que haber analizado cómo se
puede aplicar la lucha noviolenta con más efectividad. Ahora
dirigiremos nuestra atención hacia ese elemento crucial: la necesidad
de una planificación estratégica.
SEIS
NECESIDAD DE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA
Las campañas de desafío político contra las dictaduras pueden
empezar de varias maneras. En el pasado, estas luchas casi nunca
se planeaban y eran de hecho accidentales. Algunos de los agravios
específicos que desencadenaron las acciones anteriores han variado
notablemente, pero a menudo incluyeron nuevas brutalidades, el
arresto o la muerte de una persona tenida en alta estima, una nueva
política o regulación represiva, escasez de alimentos, falta de respeto
a las creencias religiosas o el aniversario de un importante
acontecimiento relacionado con el hecho. A veces una acción
específica de parte de la dictadura ha enfurecido a la población de
tal manera que ésta se ha precipitado a la acción, sin tener la menor
idea de cómo podía acabar la insurgencia. Otras veces, un individuo
valiente o un pequeño grupo, puede haber iniciado una acción que
atrajo apoyo. Un malestar específico puede ser reconocido por otros
como semejante a las injusticias que ellos han experimentado, y éstos
también podrán, en consecuencia, sumarse a la lucha. A veces un
llamado a la resistencia por parte de un pequeño grupo o de una
persona puede encontrar inesperadamente una inmensa acogida.
Aunque la espontaneidad tiene algunas cualidades valiosas, a
menudo ha ofrecido desventajas. Con frecuencia los de la resistencia
democrática no han previsto las brutalidades de la dictadura. En
consecuencia, han tenido que sufrir gravemente, y la resistencia se
ha desplomado. A veces, la falta de planificación por parte de los
demócratas ha dejado las decisiones cruciales al azar, con resultados
desastrosos. Aún cuando el sistema represivo haya sido derribado,
la falta de planificación en cuanto a cómo manejar la transición a un
sistema democrático ha facilitado el surgimiento de una nueva
dictadura.
41
42 Gene Sharp
Planificación realista
En el futuro, la acción popular no planificada indudablemente va a
jugar un papel importante en los movimientos contra las dictaduras.
Sin embargo, ahora ya es posible calcular los modos más efectivos
de dar al traste con una dictadura, determinar cuando la situación
política y el sentir popular están maduros, y cómo decidir la manera
de comenzar una campaña. Se requiere un juicio muy cauto, basado
en un cálculo realista de la situación y de las capacidades del pueblo,
para seleccionar la manera más efectiva de conquistar la libertad en
tales circunstancias.
Si uno desea lograr algo, es de sabios planear cómo hacerlo.
Mientras más importante sea la meta, o mayor la gravedad de las
consecuencias en caso de fracaso, más importante resulta la
planeación. La planificación estratégica aumenta la probabilidad
de que todos los recursos que puedan conseguirse se movilicen y
empleen de la manera más efectiva. Esto es especialmente cierto
cuando se trata de un movimiento democrático—que dispone de
recursos materiales limitados y cuyos colaboradores están en
peligro— que esté tratando de derribar una potente dictadura. Por
el contrario, la dictadura por lo general tiene acceso a muchos
recursos materiales, fuerza organizativa y capacidad de cometer
barbaridades.
“Planificar una estrategia” aquí quiere decir calcular un curso
de acción que hará factible pasar de una situación presente a un
futuro deseado. En los términos de esta discusión, significa pasar
de la dictadura a un sistema democrático en el futuro. Un plan para
alcanzar esos objetivos por lo general consiste en una serie, en
distintas etapas, de campañas y otras actividades, organizadas y
diseñadas para fortalecer a la población y la sociedad oprimidas y
para debilitar la dictadura. Adviértase aquí que el objetivo no es
simplemente destruir la dictadura en curso, sino establecer un
sistema democrático. Una gran estrategia que limite su objetivo sólo
a destruir la dictadura en boga corre un terrible riesgo de producir
otro tirano.
De la Dictadura a la Democracia 43
Obstáculos a la planificación
Algunos partidarios de la libertad, en diversas partes del mundo,
no ponen toda su capacidad al servicio de cómo alcanzar la
liberación. Sólo raramente esos abogados de la causa reconocen
plenamente la importancia de una meticulosa planificación
estratégica antes de actuar. Por lo tanto, casi nunca lo hacen.
¿Por qué será que las personas que tiene la visión de traer la
libertad política a su pueblo, tan raramente preparan un plan
estratégico global a fin de alcanzar esa meta? Desafortunadamente,
con frecuencia la mayoría de los miembros de un grupo democrático
de oposición no entienden la necesidad que hay de planear o no
están acostunbrados o capacitados a pensar estratégicamente. Esta
es una tarea difícil. Constantemente acosados por la dictadura y
agobiados por sus responsabilidades inmediatas, los líderes de la
resistencia no tienen ni la seguridad ni el tiempo para desarrollar
las destrezas de cómo pensar en base a lo estratégico.
Por el contrario, el patrón común es simplemente reaccionar a
las iniciativas de la dictadura. Así la oposición está siempre a la
defensiva, tratando de defender libertades limitadas o los bastiones
de la libertad; en el mejor de los casos, demorando el avance de los
controles dictatoriales, u ocasionándoles problemas a las nuevas
políticas del régimen.
Algunos individuos o grupos, por supuesto, no ven que haya
necesidad de una amplia planificación a largo plazo para un
movimiento de liberación. En cambio, piensan ingenuamente que
si ellos simplemente se abrazan a sus ideales con fuerza y tesón du-
rante un tiempo suficiente, de alguna manera acabarán por
realizarlos. Otros asumen que porque simplemente viven y dan tes-
timonio de sus principios e ideales frente a las dificultades, están
haciendo cuanto pueden para implementarlos. El compromiso con
los objetivos humanitarios y la lealtad a los ideales son admirables
pero inadecuados para acabar con una dictadura y conquistar la
libertad.
Otros opositores de la dictadura muy ingenuamente creen que
si sólo llegan a emplear la violencia suficiente, la libertad llegará
44 Gene Sharp
sola. Pero, como apuntamos antes, la violencia no garantiza el éxito.
En vez de a la liberación, ésta puede llevar a la derrota, a la tragedia
masiva o a ambas. En la mayoría de los casos la dictadura está mejor
equipada para la lucha violenta, y las realidades militares rara vez
están a favor de los demócratas.
También hay activistas que basan su acción en lo que ellos
sienten que deben hacer. Estos modos de abordar la situación son
no sólo egocentristas sino que no ofrecen guía alguna para desarrollar
una gran estrategia de liberación.
La acción basada en la “idea genial” que alguien haya tenido
también es limitada. Lo que se necesita en lugar de eso es la acción
basada en un cálculo minucioso de los “siguientes pasos” que hay
que dar para derrocar la dictadura. Sin un análisis estratégico, los
líderes de la resistencia a menudo no sabrán cuál deberá ser ese
“siguiente paso”, porque no han pensado seriamente en los pasos
sucesivos que hay que dar para alcanzar la victoria. La creatividad
y las ideas brillantes son muy importantes, pero tienen que ser
utilizadas para hacer avanzar la causa de las fuerzas democráticas.
Sagazmente alerta en cuanto a la multitud de acciones que
podrían tomarse contra la dictadura, e incapaces de determinar
cuándo empezar, algunas personas aconsejan “Hacerlo todo al mismo
tiempo”. Esto podría ser útil, pero, por supuesto, es imposible,
especialmente en momentos relativamente débiles. Es más, un
enfoque semejante no suministra una guía acerca de dónde
comenzar, dónde concentrar el esfuerzo y cómo usar los recursos, la
mayor parte de las veces limitados.
Otras personas o grupos pueden contemplar la necesidad de
alguna planificación, pero sólo pueden pensarla a corto plazo y sobre
base táctica. Puede que no vean que una planificación a largo plazo
es necesaria o posible. Puede que a veces sean incapaces de pensar
y analizar en términos estratégicos, y se permiten, repetidamente,
ser distraídos por cuestiones de poca monta, a menudo respondiendo
más a las acciones de sus adversarios en lugar de tomar la iniciativa
para la resistencia democrática. Dedicándoles tanta energía a
actividades de corto plazo, estos líderes con frecuencia dejan de
explorar cursos alternativos de acción, donde podrían encauzarse
De la Dictadura a la Democracia 45
todos los esfuerzos para ir acercándose progresivamente a la meta.
También es quizá posible que algunos movimientos
democráticos no planeen una gran estrategia para hacer caer la
dictadura, sino que se concentren en problemas inmediatos por
alguna muy buena razón. En su fuero interno no creen que pueden
acabar con la dictadura por su propio esfuerzo. Por consiguiente, el
planear cómo hacerlo se considera una romántica pérdida de tiempo
o un ejercicio inútil. Los que luchan por la libertad contra una
dictadura brutal bien establecida tienen que enfrentarse a un poder
militar y policiaco tal que parece que los dictadores siempre podrán
salirse con la suya. Carentes de verdadera esperanza, estas perso-
nas, a pesar de todo, desafiarán la dictadura por razones de
integridad o tal vez de historia. Aunque no lo admitan nunca, ni lo
reconozcan jamás, sus acciones a sus propios ojos estarán
desprovistas de esperanza. A partir de ahí, para ellos la planeación
de una gran estrategia a largo plazo no vale la pena.
El resultado de esa incapacidad de planear estratégicamente
suele ser drástico: se dispersan las fuerzas, las acciones son
inefectivas, se dilapida la energía en asuntos sin importancia, y los
sacrificios se hacen para nada. Si los demócratas no planifican
estratégicamente, lo más probable es que no alcancen sus objetivos.
Una mezcla de acciones no planeadas ni integradas, no va a llevar
adelante ningún esfuerzo de resistencia significativo. En lugar de
ello, lo más probable es que le permitan a la dictadura aumentar sus
controles y su poder.
Desafortunadamente, porque rara vez se desarrollan planes
estratégicos amplios para la liberación, las dictaduras parecen ser
más duraderas de lo que de hecho son. Sobreviven por años y
décadas más allá de lo que podría ser el caso.
Cuatro términos importantes para la planificación estratégica
A fin de ayudarnos a pensar estratégicamente, es importante percibir
con claridad qué significan cuatro términos básicos.
La gran estrategia: es la concepción que sirve para coordinar y
dirigir el uso de todos los recursos apropiados y disponibles
46 Gene Sharp
(económicos, humanos, morales, políticos, organizacionales, etc.) de
un grupo que busca alcanzar sus objetivos en un conflicto.
La gran estrategia, al enfocar la atención del grupo en los
objetivos primarios y en los recursos en el conflicto, escoge entre las
técnicas de acción más apropiadas (tales como la acción militar
convencional o la lucha noviolenta) cuál ha de emplearse en la
contienda. Al planear la gran estrategia, los líderes de la resistencia
deben evaluar y planificar qué presiones e influencias han de
aplicarse sobre los adversarios. Más adelante, la gran estrategia
tendrá que ocuparse de las decisiones sobre las condiciones y el
momento apropiado en que las campañas de resistencia, iniciales y
subsecuentes, deban echarse a andar.
La gran estrategia sienta el organigrama básico para la selección
de las estrategias menores con las que se ha de desarrollar la lucha.
La gran estrategia, además, determina a cuáles grupos específicos
se les encomendarán tareas generales así como la distribución de
los recursos que se han de emplear en la lucha.
La estrategia es la concepción de cómo alcanzar los objetivos en
un conflicto de la mejor manera, operando en el ámbito de la gran
estrategia escogida. La estrategia tiene que ver con si se ha de pelear
o no, y cuándo y cómo, asi como con el modo de lograr el máximo
de efectividad al luchar por ciertos fines. A la estrategia se la ha
comparado con el concepto del artista, y a la planificación estratégica
con el proyecto o plano detallado de un arquitecto.12
La estrategia incluirá también los esfuerzos por desarrollar una
situación tan ventajosa para los retadores que los retados puedan
prever que un conflicto abierto les ocasionaría una derrota, y así se
decidan a capitular sin llegar al combate. 0 si no, que la situación
estratégica sea tan buena que el triunfo de los retadores en la
contienda resulte evidente. La estrategia comprende también cómo
usar bien los triunfos obtenidos.
Aplicado al desarrollo de la lucha en sí, el plan estratégico in-
dica cómo debe desarrollarse la campaña y cómo los diferentes
componentes de la misma tienen que combinarse unos con otros,
para llevarla lo más ventajosamente posible a conquistar sus
12
Robert Helvey, comunicación personal, 15 de agosto de 1993.
De la Dictadura a la Democracia 47
objetivos. Comprende el hábil desplazamiento de los grupos de
acción particulares, en operaciones menores. La planeación de una
buena estrategia, tiene que considerar que se requiere una técnica
de lucha, escogida para el éxito de la operación. Las diferentes
técnicas tendrán diferentes exigencias. Por supuesto, el cumplir con
“requisitos” no basta para asegurar el triunfo. Pueden necesitarse
otros factores.
Al trazar las estrategias, los demócratas han de definir
claramente sus objetivos, y determinar cómo medir la efectividad
de los esfuerzos para alcanzarlos. Esta definición y análisis permite
al estratega identificar las condiciones precisas para lograr cada
objetivo seleccionado. La necesidad de claridad y definición se aplica
igualmente a la planificación táctica.
Las tácticas y los métodos de acción se usan para llevar a cabo
la estrategia. La táctica se refiere al mejor uso de las propias fuerzas,
para obtener la máxima ventaja, en una situación limitada. Una
táctica es una acción limitada, que se usa para alcanzar un objetivo
restringido. La selección de las tácticas se rige por el principio de
cómo usar de la mejor manera, en una fase limitada del conflicto,
los medios disponibles de combate para implementar la estrategia.
Para ser más efectivos, las tácticas y los métodos siempre deben
escogerse y aplicarse para lograr los objetivos estratégicos. Las
victorias tácticas que no refuerzan la consecución de los objetivos
estratégicos pueden, al final, convertirse en energía despilfarrada.
Una táctica, por lo tanto, se escoge en función de un curso de
acción limitado, que encaja dentro de una estrategia más amplia; así
como una estrategia encaja dentro de la gran estrategia. Las tácticas
siempre tienen que ver con la lucha mientras que la estrategia incluye
consideraciones más amplias. Una táctica en particular sólo puede
ser comprendida como parte de la estrategia total de una batalla o de
una campaña. Las tácticas se aplican por un período de tiempo más
breve que las estrategias, en áreas más reducidas (geográficas,
institucionales, etc.), por un número más limitado de personas, o para
lograr objetivos más limitados. En la acción noviolenta, la distinción
entre un objetivo táctico y otro estratégico puede deberse parcialmente
a que el objetivo de la acción sea más o menos importante.
48 Gene Sharp
Las alianzas tácticas ofensivas se escogen para apoyar la
conquista de los objetivos estratégicos. Los compromisos tácticos
son herramientas de las que se vale el estratega a fin de crear
condiciones favorables para dirigir ataques decisivos contra un
adversario. Es muy importante, por consiguiente, que aquellos a
quienes se ha dado la responsabilidad de planificar y ejecutar las
operaciones tácticas tengan la abilidad de discernir la problemática
de la situación y escoger los procedimientos más apropiados para
enfrentarla. Aquellos que se supone que han de participar, deben
estar entrenados en el uso de la táctica escogida y en los medios
específicos.
El método o procedimiento se refiere a las armas específicas o
medios de acción. Entre las técnicas de la lucha noviolenta se
incluyen docenas de formas particulares de acción (tales como los
muchos tipos de huelga, el boicot, la resistencia pasiva política y
otras parecidas), citadas en el Capítulo Cinco. (Ver también el
Apéndice.)
El desarrollo de un plan estratégico responsable y efectivo, para
una lucha noviolenta, depende de la selección y formulación
minuciosa de la gran estrategia, las estrategias de campaña, las
tácticas y los métodos.
La lección principal de esta discusión es que para liberarse de
una dictadura se requiere un uso calculado de nuestro propio
intelecto para planificar cuidadosamente la estrategia. La
incapacidad de planificar inteligentemente puede contribuir al
desastre, mientras que el empleo efectivo de nuestras capacidades
intelectuales puede trazar el rumbo de un curso estratégico que
juiciosamente utilice nuestros recursos disponibles para impulsar a
la sociedad hacia los objetivos de la libertad y la democracia.
SIETE
PLANIFICANDO LA ESTRATEGIA
Para aumentar las posibilidades de éxito, los líderes de la resistencia
necesitarán formular un plan de acción global, capaz de fortalecer a
la gente que sufre, debilitar la dictadura, después destruirla, y
construir una democracia duradera. Para poder llevar a cabo tal
plan de acción, es necesario hacer un cálculo minucioso de la
situación y de las opciones para una acción eficaz. En base a un
análisis así de preciso se pueden desarrollar tanto la gran estrategia
como las de campañas específicas para alcanzar la libertad. Aunque
relacionados entre sí, el desarrollo de la gran estrategia y el de las
estrategias de campaña son dos procesos separados. Las estrategias
de campaña han de diseñarse para alcanzar y reforzar los objetivos
de la gran estrategia.
El desarrollo de la estrategia de resistencia requiere que se preste
atención a muchas interrogantes y tareas. Identificaremos aquí
algunos de los factores importantes que han de considerarse, a nivel
de gran estrategia así como en el de las estrategias de campaña. Toda
la planificación estratégica, sin embargo, requiere que los
planificadores de la resistencia tengan una profunda comprensión
de toda la dinámica del conflicto, y que le presten atención a los
factores históricos, gubernamentales, militares, culturales, sociales,
políticos, sicológicos, económicos e internacionales inclusive. Las
estrategias sólo pueden desarrollarse en el contexto de la lucha par-
ticular y sus antecedentes.
Como asunto de primera importancia, los líderes democráticos
y planificadores estrategas querrán plantearse los objetivos y la
importancia de la causa. ¿Vale la pena empeñarse en una lucha
semejante por esos objetivos? Si es así, ¿por qué? Es crítico
determinar el verdadero propósito de la lucha. Ya hemos dicho en
este trabajo que no basta con derribar la dictadura, o quitar a los
dictadores actuales. El objeto de estas luchas debe ser el
establecimiento de una sociedad libre, con un sistema democrático
de gobierno. La claridad sobre estos puntos influirá en el desarrollo
49
50 Gene Sharp
de la gran estrategia y de las subsiguientes estrategias específicas.
En particular, los estrategas tienen que dar respuesta a muchas
interrogantes fundamentales como éstas:
• ¿Cuáles son los principales obstáculos para lograr la libertad?
• ¿Qué factores facilitarían el alcanzarla?
• ¿Cuáles son los puntos fuertes de la dictadura?
• ¿Cuáles son las diversas debilidades de la dictadura?
• ¿Hasta qué punto son vulnerables las fuentes de poder de la
dictadura?
• ¿Cuáles son los puntos fuertes de las fuerzas democráticas y
de la población en general?
• ¿Cuáles son los puntos débiles de las fuerzas democráticas y
de la población en general, y cómo pueden corregirse?
• ¿Cuál es la posición de terceras personas no inmediatamente
involucradas en el conflicto que están ayudando, o podrían
ayudar, bien a la dictadura, bien al movimiento democrático
y cómo podrían hacerlo?
Escogiendo los medios
A nivel de gran estrategia, se necesitará que los estrategas escojan el
medio de lucha idóneo que ha de emplearse en el conflicto venidero.
Necesitan evaluar las ventajas y limitaciones de varias técnicas
alternativas de lucha, tales como la beligerancia militar convencional,
la guerra de guerrillas, el desafío político y otras.
Para llevar a cabo esta selección, los estrategas necesitan
considerar interrogantes como las siguientes: ¿Estará el tipo de lucha
De la Dictadura a la Democracia 51
que se escoja dentro del marco de las capacidades de los demócratas?
¿Utilizará la técnica escogida las fuerzas de la población dominada?
¿Enfoca la técnica escogida las debilidades de la dictadura o busca
golpearla donde está más fuerte? ¿Los medios que se usen ayudarán
a los demócratas a cobrar más confianza en sí mismos, o dependerán
de terceras personas o de proveedores externos? ¿Qué historial
tienen los medios escogidos de haber servido para el derrocamiento
de otras dictaduras? ¿Producirán un aumento, o una disminución
en la cantidad de víctimas y otras pérdidas que podrían ocurrir en
el conflicto venidero? Asumiendo que se vaya a tener éxito en cuanto
al derrocamiento de la dictadura, ¿qué efecto tendrían los medios
escogidos en el tipo de gobierno que emerja después de la lucha? Es
necesario excluir los tipos de acción que se consideren
contraproducentes para el desarrollo de la gran estrategia.
En los capítulos anteriores hemos argumentado que el desafío
político ofrece ventajas significativas en comparación con las otras
técnicas de lucha. Los estrategas tendrán que analizar la dinámica
de sus conflictos particulares, y determinar si el desafío político
responde afirmativamente a las interrogantes anteriores.
Planificando para la democracia
Debemos recordar que el objetivo de la gran estrategia contra la
dictadura no es simplemente la caída de los dictadores sino establecer
un sistema democrático y hacer imposible el surgimiento de una
nueva dictadura. Para alcanzar estos objetivos será necesario que
los medios de lucha que se escojan contribuyan a cambiar la
distribución del poder efectivo de la sociedad. Bajo la dictadura, la
población y las instituciones civiles de la sociedad han sido
demasiado débiles y el gobierno demasiado fuerte. Si no se corrige
este desequilibrio, la nueva camarilla, si así lo quisiere, podría ser
tan dictatorial como la anterior. Una “revolución palaciega” o un
golpe de estado, por consiguiente, no es bienvenido.
El desafío político contribuye a una más equitativa distribución
del poder efectivo, mediante la movilización de la sociedad contra
la dictadura, tal como fue discutido en el Capítulo Cinco. Este
52 Gene Sharp
proceso ocurre de diversas maneras. El desarrollo de una capacidad
de lucha noviolenta significa que la capacidad de represión violenta
de la dictadura ya no va a producir la intimidación ni la sumisión de
la población tan fácilmente. Ésta va a tener a su disposición
poderosos medios de acción para contrarrestar y, a veces, hasta
bloquear el ejercicio del poder de los dictadores. Además, la
movilización del poder popular por medio del desafío político va a
fortalecer las instituciones independientes de la sociedad. La
experiencia de haber ejercido alguna vez un poder efectivo no se
olvida fácilmente. El conocimiento y adiestramiento que se
adquieren en la lucha harán que la población sea menos propensa a
que los posibles dictadores la dominen en el futuro. Este cambio en
las relaciones de poder hará mucho más probable el establecimiento
de una sociedad democrática duradera.
Ayuda del exterior
Como parte de la preparación de la gran estrategia, se necesita
calcular qué papel han de jugar la resistencia interna y las presiones
externas en la desintegración de la dictadura. En este análisis, hemos
insistido que la fuerza principal de la lucha debe provenir del inte-
rior mismo del país. El nivel que llegue a alcanzar la ayuda
internacional dependerá de cuánto pueda ésta ser estimulada por la
lucha interna.
Como un complemento muy limitado, se pueden hacer
esfuerzos por movilizar la opinión pública mundial contra la
dictadura desde un punto de vista humanitario, moral o religioso.
Se puede trabajar para lograr que los gobiernos y las organizaciones
internacionales apliquen sanciones diplomáticas, políticas y
económicas contra la dictadura. Éstas podrán ser embargos
económicos o de armamento, reducción de los niveles de
reconocimiento diplomático, negación de asistencia económica y
prohibición de inversiones en el país bajo una dictadura, expulsión
del gobierno dictatorial de las diversas organizaciones
internacionales y de los organismos de las Naciones Unidas. Además
asistencia internacional como ayuda financiera o de comunicaciones,
De la Dictadura a la Democracia 53
podrá suministrárseles directamente a las fuerzas democráticas.
Formulando una gran estrategia
Después de un estudio de la situación, la selección de los medios y
la determinación de qué papel ha de jugar la ayuda del exterior, los
planificadores de la gran estrategia tendrán que esbozar a grandes
rasgos la mejor manera de desarrollar el conflicto. Este amplio plan
se extendería desde el presente hasta la liberación e instauración de
un sistema democrático en el futuro. Al formular una gran estrategia,
estos planificadores tendrán que hacerse una serie de preguntas. Las
siguientes interrogantes, de una manera mas específica que antes,
plantearán los considerandos que han de tenerse en cuenta al diseñar
una gran estrategia para una lucha mediante el desafío político.
¿Cuál es la mejor manera de empezar una lucha a largo plazo?
¿Cómo podría la población oprimida acumular suficientes fuerzas
y confianza en sí misma para desafiar la dictadura, aunque
inicialmente sea de manera limitada? ¿Cómo puede aumentarse
con el tiempo y la experiencia la capacidad de la población de aplicar
la nocooperación y el desafío político? ¿Cuáles deberán ser los
objetivos a alcanzar en una serie de campañas limitadas, dirigidas a
recuperar el control democrático de la sociedad y a limitar el de la
dictadura?
¿Quedan aún instituciones independientes que hayan
sobrevivido la dictadura y que pueden usarse en la lucha por
establecer la libertad? ¿Qué instituciones de la sociedad pueden ser
rescatadas del control de los dictadores, o cuáles instituciones han
de ser creadas de nuevo por los demócratas para satisfacer las
necesidades de éstos y para establecer esferas de ejercicio
democrático aún cuando la dictadura continúe?
¿Cómo puede desarrollarse la fuerza organizacional en la
resistencia? ¿Cómo se puede adiestrar a los participantes? ¿Qué
recursos (financieros, materiales, etc.) se requerirán a lo largo de la
lucha? ¿Qué tipo de simbolismo será el más efectivo para movilizar
a la población?
54 Gene Sharp
¿Por medio de qué tipo de acción y en qué etapas se verán
progresivamente debilitados o eliminados los recursos del poder de
los dictadores? ¿Cómo puede la población que resiste persistir en el
desafío y a la vez mantener la necesaria disciplina noviolenta?
¿Cómo podrá la población satisfacer sus necesidades básicas du-
rante el curso de la lucha? ¿Cómo se podrá mantener el orden social
en medio del conflicto? ¿Qué hará la resistencia democrática, a
medida que se aproxime la victoria, para seguir construyendo las
bases de la sociedad de la post-dictadura y lograr que la transición
sea lo menos brusca posible?
Recuérdese que no hay un curso prescrito, ni se puede crear un
modelo de estrategia para cada movimiento de liberación contra las
dictaduras. Cada lucha por derribar un régimen de fuerza y
establecer un sistema democrático tendrá que ser diferente. Nunca
habrá dos situaciones exactamente iguales. Cada dictadura tiene
algunas características individuales, y variarán las capacidades de
la población que busca liberarse. Los planificadores de una gran
estrategia para una lucha de desafío político requerirán una pro-
funda comprensión, no sólo de su situación específica de conflicto
sino también de los medios de lucha que hayan escogido.13
Cuando la gran estrategia para la lucha ha sido cuidadosamente
planificada hay razones de peso para darla a conocer ampliamente.
Las grandes cantidades de gente que hace falta que participen estarán
más dispuestas y aptas para actuar si entienden la concepción ge-
neral así como las instrucciones específicas. Es posible que el saber
esto tenga un efecto muy positivo en la moral y en su voluntad de
participar y actuar apropiadamente. En todos los casos los
lineamientos generales de la gran estrategia se darán a conocer a los
dictadores y esto, potencialmente, puede llevar a aquéllos a ser menos
brutales en su represión, a sabiendas de que, políticamente, puede
salirles el tiro por la culata. El haber sido alertados sobre las
13
Se recomienda el estudio completo de Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action
(La Política de la Acción Noviolenta), y de Peter Ackerman y Christopher Kruegler,
Strategic Nonviolent Conflict (El Conflicto Estratégico Noviolento), (Westport, Con-
necticut: Praeger, 1994). También ver Gene Sharp, Waging Nonviolent Struggle: Twen-
tieth Century Practice and Twenty-First Century Potential. Venidero.
De la Dictadura a la Democracia 55
características especiales de la gran estrategia podría también
contribuir a causar disensiones o descontento entre los partidarios
del dictador.
Una vez que se ha adoptado un plan estratégico global para
hacer caer la dictadura y establecer un sistema democrático, es
importante que los grupos democráticos persistan en aplicarlo. En
muy raras circunstancias deberá la lucha apartarse del plan inicial
de la gran estrategia. Cuando haya abundante evidencia de que la
gran estrategia escogida fue mal concebida, o cuando las
circunstancias de la lucha hayan cambiado fundamentalmente, es
posible que los planificadores tengan que alterar la gran estrategia.
Aún entonces, deberá hacerse solamente después de que el cálculo
fundamental se haya hecho de nuevo, y se haya desarrollado y
adoptado una estrategia nueva más adecuada.
Planificando las estrategias de campaña
No importa cuán sabia y promisoria sea, una gran estrategia
desarrollada para terminar con la dictadura no se ejecuta por sí sola.
Hará falta que se desarrollen estrategias particulares para orientar
las principales campañas enfocadas al socavamiento del poder de
los dictadores. Estas estrategias, en su momento, van a incorporar y
dirigir una serie de movimientos tácticos que aspiran a infligir golpes
decisivos contra el régimen de los dictadores. Las tácticas y los
métodos de acción específicos deben escogerse cuidadosamente para
que contribuyan a alcanzar los objetivos de cada estrategia particu-
lar. La discusión aquí se enfoca exclusivamente a nivel de estrategia.
Hace falta que los estrategas que planifican las campañas
mayores, así como los que planificaron la gran estrategia, tengan
una comprensión minuciosa de la naturaleza y de los modos
operacionales de la técnica que hayan escogido para la lucha. Así
como los oficiales militares tienen que entender de estructuras de
fuerza, táctica, logística, pertrechos, efectos geográficos y demás para
urdir una estrategia militar, los planificadores del desafío político
deben conocer bien la naturaleza y los principios estratégicos básicos
de la lucha noviolenta. Aunque así fuere, la atención a las
56 Gene Sharp
recomendaciones de este ensayo y la respuesta a las preguntas que
planteamos aquí, no producirán por sí mismos las estrategias. La
formulación de las estrategias para la lucha requiere además de una
creatividad bien informada.
Al planificar las estrategias para las campañas específicas y
selectivas de resistencia, y para el desarrollo a largo plazo de la lucha
de liberación, los estrategas del desafío político tienen que considerar
varios puntos y problemas, entre los cuales se encuentran los
siguientes:
• Determinación de los objetivos específicos de la campaña y
de cómo éstos contribuyen a hacer efectiva la gran estrategia;
• Consideración de los métodos específicos o armas políticas
que mejor se puedan emplear para implementar la estrategia
escogida. Dentro del plan estratégico integral para una
campaña en particular, será necesario determinar qué planes
tácticos menores y qué métodos de acción específicos se deben
emplear para imponer presiones y restricciones a las fuentes
de poder de la dictadura. Recuérdese que el alcanzar los
objetivos mayores vendrá como resultado de haber escogido
cuidadosamente, e implementado específicamente, los pasos
menores.
• Determinación de si los asuntos económicos deben
relacionarse con la lucha total, que es esencialmente política,
y de cómo. Si los asuntos económicos han de ser prominentes
en la lucha, hay que cuidar que los malestares económicos
de veras podrán remediarse luego de liquidada la dictadura.
Si no, la desilusión y el descontento cundirán, a menos que
se provean soluciones rápidas durante el período de
transición a una sociedad democrática. Esa desilusión puede
suscitar el ascenso de las fuerza dictatoriales que prometan
poner fin a los malestares económicos.
• Determinación a priori de qué clase de estructura de
De la Dictadura a la Democracia 57
liderazgo y sistema de comunicaciones funcionarán mejor al
comienzo de la lucha de resistencia. ¿Qué medios de tomar
decisiones y de comunicación serán posibles durante el curso
de la lucha para orientar continuamente a los de la resistencia
y a la población en general?
• Comunicación de las noticias de la resistencia a la población,
las fuerzas del dictador y la prensa internacional. Las
denuncias e informaciones deben ser rigurosamente veraces.
Las exageraciones y las reclamaciones infundadas minan el
prestigio de la resistencia.
• Planes sobre actividades constructivas independientes—
económicas, sociales o educativas—que aumenten la
confianza de las personas en sí mismas, para que sean capaces
de responder a las necesidades de su propia gente durante el
conflicto que va a producirse. Tales proyectos pueden ser
administrados por personas que no estén directamente
involucrados en las actividades de la resistencia.
• Determinación de qué clase de ayuda exterior es deseable
para apoyar una campaña específica o la lucha de liberación
en general. ¿Cómo puede la ayuda exterior movilizarse de
la mejor manera, y utilizarse, sin hacer depender la lucha
interna de factores externos no confiables? Hará falta decidir
cuáles de los grupos del exterior son los más apropiados y
los más aptos para ayudar, por ejemplo las organizaciones
nogubernamentales (movimientos sociales, grupos religiosos
o políticos, sindicatos, etc.), los gobiernos y/o las Naciones
Unidas y sus diversos cuerpos.
Es más, los planificadores de la resistencia tendrán que tomar
medidas para preservar el orden y planear cómo puede responder
la gente a sus propias necesidades durante los procesos de resistencia
masiva contra los controles dictatoriales. Esta planificación se orienta
no sólo a crear estructuras alternativas independientes y democráticas
58 Gene Sharp
y a responder a las verdaderas necesidades, sino también a reducir
la credibilidad del régimen cuando éste declare que es necesaria una
represión más severa para poner fin al desorden y la delincuencia.
Difundiendo la idea de la nocooperación
Para un desafío político exitoso contra una dictadura, es esencial
que la población capte la idea de la nocooperación. Como se ilustró
en el cuento del “Amo de los Monos” (ver Capítulo Tres), la idea
básica es sencilla. Si un número suficiente de subordinados se rehusa
a seguir cooperando por un tiempo suficiente a pesar de la represión
el sistema opresivo se debilitará, y acabará por desplomarse.
Las personas que viven bajo una dictadura pueden ya estar
familiarizadas con este concepto por diversas fuentes. Aún así las
fuerzas democráticas deben deliberadamente difundir y comunicar
a todos los estratos sociales la idea de la nocooperación. La fábula
del “Amo de los Monos”, o una semejante, podría difundirse por
toda la sociedad. Un cuento así puede comprenderse fácilmente.
Una vez que la población en general haya asimilado el concepto de
la nocooperación, la gente podrá entender la relevancia que van a
tener en el futuro los llamados a practicar la nocooperación contra
la dictadura. De la misma manera podrán, por cuenta propia,
improvisar miles de formas específicas de nocooperación en
situaciones nuevas.
A pesar de las dificultades y peligros en los intentos de
comunicar ideas, noticias e instrucciones de la resistencia cuando se
está viviendo bajo una dictadura, los demócratas a menudo han
demostrado que sí es posible hacerlo. Aún bajo los regímenes nazis
o comunistas, fue posible que los de la resistencia se comunicaran,
no sólo con otros individuos, sino con grandes públicos, mediante
la publicación de periódicos ilegales, folletos, libros y más
recientemente por medio de casetes de audio y video.
Ya con la ventaja de una planificación estratégica previa, se
pueden preparar los lineamientos para la resistencia y diseminarlos.
Estos pueden indicar los motivos por los cuales y las circunstancias
De la Dictadura a la Democracia 59
en que la población debe protestar y suspender la colaboración, y
cómo puede esto llevarse a cabo. Entonces, aún cuando las
comunicaciones con la dirección democrática se cortaran y no se
emitieran o recibieran instrucciones específicas, la población sabría
cómo actuar en relación con ciertos asuntos importantes. Tales
lineamientos también podrían usarse para comprobar si la policía
ha emitido falsas “instrucciones a la resistencia” a fin de provocar
una acción que desacredite el movimiento.
La represión y las contramedidas
Los planificadores de la estrategia tienen que calcular las posibles
respuestas y la represión, especialmente el umbral de violencia de
la dictadura de cara a las acciones de la resistencia democrática. Será
preciso determinar cómo enfrentarlas y contraatacarlas, o evitar el
posible incremento de la represión sin someterse. Tácticamente, en
situaciones específicas, una advertencia apropiada sobre la represión
que se espera servirá a los de la resistencia y a la población en ge-
neral para que sepan los peligros que corren si participan. Si la
represión se perfila muy seria, deben tomarse medidas para dar
asistencia médica a los heridos de la resistencia.
Anticipándose a la represión, los estrategas harán bien en
considerar por adelantado el empleo de tácticas y métodos que
contribuyan a alcanzar el objetivo específico de la campaña, o la
liberación misma, pero que hagan menos probable o posible una
represión excesiva. Por ejempo, las acciones callejeras y las
manifestaciones contra las dictaduras extremas pueden ser muy
dramáticas, pero pueden arriesgarse a dejar miles de muertos entre
los manifestantes. De hecho, el alto costo que éstos paguen puede
no aumentar más la presión sobre la dictadura que si todo el mundo
se hubiera quedado en su casa, hubiera habido una huelga, o si los
funcionarios hubieran participado en un acto de nocooperación
masiva.
Si se ha contemplado que la acción provocadora de la resistencia
con un alto riesgo de víctimas va a hacer falta para un fin estratégico,
entonces hay que calcular con mucho cuidado los posibles costos de
60 Gene Sharp
la acción y sus ganancias. ¿Estarán los de la población y los de la
resistencia listos para comportarse disciplinadamente y de una manera
noviolenta durante el curso de la lucha? ¿Podrán resistirse a las
provocaciones de la violencia? Los planificadores han de considerar
qué medidas han de tomarse para mantener la disciplina noviolenta,
y para sostener la resistencia a pesar de las brutalidades. ¿Serán
posibles y a la vez efectivas algunas medidas como los compromisos,
las declaraciones de política a seguir, los folletos sobre la disciplina,
las convocatorias a las manifestaciones y el boicot aplicado a perso-
nas y grupos que aboguen por la violencia? Los dirigentes tienen que
estar siempre alerta ante la presencia de agentes provocadores cuya
misión será incitar a los manifestantes a la violencia.
Adhiriéndose al plan estratégico
Una vez que un concienzudo plan estratégico se pone en marcha,
las fuerzas democráticas no deben dejarse distraer por los
movimientos menores que emprendan los dictadores, y que pueden
tentarlos a abandonar la gran estrategia o la de una campaña en
particular, haciendo que muchas actividades enfoquen asuntos sin
importancia. Tampoco deben permitir que la emoción del momento
—quizá en reacción a las nuevas barbaridades efectuadas por la
dictadura—permita desviar la resistencia democrática de su gran
estrategia o de su estrategia de campaña. Las barbaridades pueden
haber sido perpetradas precisamente para provocar que las fuerzas
democráticas abandonen su plan bien fundado y hasta lleguen a
cometer actos violentos, a fin de que los dictadores puedan
derrotarlos más fácilmente.
En tanto el análisis básico se considere acertado, la tarea de las
fuerzas pro-democráticas es la de llevarlo adelante paso a paso. Por
supuesto que van a producirse cambios de táctica y de objetivos
intermedios. Un buen líder siempre está dispuesto a explotar una
oportunidad. Estos ajustes no deben confundirse con los objetivos
de la gran estrategia o los de una campaña específica. La minuciosa
implementación de la gran estrategia que se haya decidido y de las
estrategias de las campañas particulares, va a contribuir grandemente
a la victoria.
OCHO
APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO
En situaciones en que la población se siente impotente y asustada,
es importante que las tareas iniciales para el público sean acciones
de poco riesgo, que le desarrollen la confianza en sí mismo. Esta
clase de acciones—tales como vestirse con atuendos diferentes—
puede interpretarse públicamente como una opinión disidente y
brindar una oportunidad para que el público participe
significativamente en un acto de disensión. En otros casos, una
cuestión no política de relativamente poca importancia (vista
superficialmente) como por ejemplo la consecución de un suministro
de agua seguro, puede convertirse en un centro de acción grupal.
Los estrategas deben escoger un asunto cuyos méritos sean
ampliamente reconocidos y difíciles de rechazar. El éxito en tales
campañas limitadas puede ser no sólo corregir malestares específicos
sino convencer a la población de que en verdad tiene potencial para
ejercer el poder.
En una lucha a largo plazo, la mayor parte de las estrategias de
campaña no deben tratar de alcanzar la caída completa e inmediata
de la dictadura, sino de lograr objetivos limitados. Cada campaña
tampoco va a requerir la participación de todos los sectores de la
población.
Al contemplar una serie de campañas específicas para
implementar la gran estrategia, los estrategas del desafío tienen que
considerar cómo las campañas del comienzo de la lucha, las de la
mitad o las ya próximas a su conclusión se diferenciarán unas de otras.
Resistencia selectiva
En los momentos iniciales de la lucha las campañas separadas con
distintos objetivos específicos pueden ser muy útiles. Estas campañas
selectivas pueden hacerse una tras otra. Ocasionalmente dos o tres
pueden ocurrir al mismo tiempo.
Al planificar una estrategia para la “resistencia selectiva” es
61
62 Gene Sharp
necesario identificar motivos limitados y específicos o malestares
que simbolizen la opresión de la dictadura en general. Tales asuntos
pueden ser los objetivos estratégicos intermedios dentro de la gran
estrategia global.
Es necesario que estos objetivos estratégicos intermedios sean
alcanzables para la capacidad de poder, actual o proyectada, de las
fuerzas democráticas. Esto ayuda a asegurar una serie de victorias
que son buenas para levantar la moral, y que también contribuyen a
que se produzcan cambios incrementales en las relaciones de poder
que resulten ventajosos para una lucha a largo plazo.
Las estrategias selectivas de la resistencia deberán concentrarse
en primer lugar en cuestiones sociales, económicas o políticas. Estas
se pueden escoger a fin de conservar alguna parte del sistema social
y político fuera del control de los dictadores, para recuperar el con-
trol de alguna porción de este sistema actualmente bajo el control de
los dictadores, o para negar a los dictadores algún objetivo en par-
ticular. Si es posible, la campaña de resistencia selectiva debe también
atacar una o más de las debilidades de la dictadura, tal como lo hemos
explicado. En consecuencia, los demócratas pueden producir el
mayor impacto posible con la capacidad de poder que tengan a su
alcance.
Muy al principio, los estrategas tienen que planificar por lo
menos la estrategia para la primera campaña. ¿Cuáles han de ser
sus objetivos limitados? ¿Cómo van éstos a ayudar a la realización
de la gran estrategia? Si es posible, sería prudente formular por lo
menos los lineamientos generales para una segunda y acaso hasta
una tercera campaña. Todas esas campañas han de llevar a cabo la
gran estrategia escogida y operar dentro de los lineamientos
generales de ésta.
El reto simbólico
Al principio de una nueva campaña para minar la dictadura, las
primeras y más específicas acciones pueden tener un campo limitado.
Deben estar diseñadas en parte para probar el estado de ánimo de la
población e influir en él, y prepararla para continuar la lucha a través
De la Dictadura a la Democracia 63
de la nocooperación y el desafío político.
La acción inicial podría tomar la forma de una protesta
simbólica o podría ser un acto simbólico de nocooperación limitada
y temporal. Si el número de personas dispuestas a actuar es limitado,
entonces la acción inicial podría consistir, por ejemplo, en depositar
una ofrenda floral en algún lugar de importancia simbólica. Por
otra parte, si el número de los dispuestos a actuar es muy grande,
entonces podría hacerse un paro de cinco minutos en todas las
actividades u observar algunos minutos de silencio. En otras
situaciones, unos cuantos individuos pueden ponerse en huelga de
hambre, reunirse para una vigilia en un lugar de importancia
simbólica, practicar un breve boicot estudiantil a las clases, o entrar
y sentarse en una oficina importante por un tiempo limitado. Una
dictadura probablemente reprimiría con crueldad las acciones más
agresivas.
Ciertas acciones simbólicas como la ocupación física del
territorio frente al palacio del dictador o de los cuarteles de la policía
pueden incurrir en un gran riesgo; por lo tanto, no son recomendables
para iniciar una campaña.
Las primeras acciones de protesta simbólica a veces han
suscitado una gran atención nacional e internacional, como las
demostraciones masivas en Birmania en 1988 o la ocupación y huelga
de hambre por los estudiantes de la plaza de Tiananmen en Beijin
en 1989. El elevado número de víctimas entre los manifestantes en
ambos casos subraya el gran cuidado que tienen que tener los
estrategas cuando planifican las campañas. Aún cuando estas
acciones tengan un tremendo impacto moral y sicológico, por sí
mismas no es probable que hagan caer la dictadura, porque
permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder
de la dictadura.
Por lo general no es posible negarles por completo a los
dictadores el acceso a los recursos de poder al principiar la lucha.
Para eso haría falta que prácticamente toda la población y casi todas
las instituciones de la sociedad—las cuales desde antes les han estado
muy sometidas—rechazaran absolutamente al régimen y que de
pronto lo desafiaran mediante una fuerte y masiva nocooperación.
64 Gene Sharp
Eso todavía no ha ocurrido, y alcanzarlo sería sumamente dificíl.
En la mayoría de los casos, por consiguiente, una rápida campaña
de completa nocooperación y desafío no sería una estrategia realista
para una campaña inicial contra la dictadura.
Distribuyendo las responsabilidades
Durante una campaña selectiva de resistencia, ciertos grupos de la
población son los más castigados. En una campaña posterior con
un objetivo diferente, el peso de la lucha se desplazará hacia otros
grupos. Por ejemplo, los estudiantes pueden irse a la huelga por
una cuestión referente a la educación, los dirigentes religiosos y los
fieles pueden concentrarse en el tema de la libertad de cultos, los
trabajadores de los ferrocarriles pueden observar tan
meticulosamente las regulaciones de seguridad que lleguen a
retardar en extremo todo el sistema ferroviario, los periodistas
pueden desafiar la censura publicando un espacio en blanco en el
periódico donde hubiera correspondido un artículo prohibido, la
policía una y otra vez puede errar y no localizar ni detener a los
miembros de la oposición democrática que buscan. El escalonar las
campañas de resistencia según los motivos y el sector de la población
que ha de actuar les permitirá a otros sectores descansar un poco
mientras la resistencia prosigue.
La importancia de la resistencia selectiva consiste en defender
la existencia y autonomía de los grupos políticos, económicos y
sociales así como a las instituciones fuera del control de la dictadura,
como lo mencionamos antes. Estos centros de poder proporcionan
las bases institucionales desde las cuales la población puede ejercer
presión o resistirse a los controles dictatoriales. En la lucha, es pro-
bable que sean los primeros en ser golpeados por la dictadura.
Apuntando al poder del dictador
A medida que la lucha a largo plazo se desarrolla más allá de las
estrategias iniciales hacia fases más ambiciosas y avanzadas, los
estrategas han de calcular cómo limitar más las fuentes de poder del
De la Dictadura a la Democracia 65
dictador. El objetivo será usar la nocooperación popular a fin de
crear una nueva situación estratégica más ventajosa para las fuerzas
democráticas.
A medida que las huestes democráticas cobran fuerza, los
estrategas organizan formas de nocooperación y de desafío más
ambiciosas para negarle a la dictadura los recursos del poder, para
propiciar una parálisis política y por último el fin de la dictadura y
su desintegración.
Será necesario planificar con cuidado cómo podrán las huestes
democráticas debilitar el apoyo que personas y grupos hayan
ofrecido a la dictadura previamente. ¿Se resquebrajará este apoyo
cuando les revelen las brutalidades perpetradas por el régimen,
cuando les expongan las desastrosas consecuencias económicas de
las políticas del dictador, o cuando tengan nuevos elementos para
comprender que se puede acabar con la dictadura? Hay que llevar
a los defensores de la dictadura por lo menos a permanecer neutrales,
a no tomar partido o mejor a convertirse en defensores activos del
movimiento por la democracia.
Durante la planificación e implementación del desafío político
y la nocooperación, es muy importante prestar atención a todos los
defensores y auxiliares de los dictadores, inclusive a su camarilla
interna, al partido político, la policía y la burocracia, pero
especialmente al ejército.
Haría falta calcular bien el grado de lealtad a la dictadura de
las fuerzas militares, tanto soldados como oficiales, y determinar si
son susceptibles de ser influidas por las fuerzas democráticas.
¿Pudieran los soldados comunes y corrientes ser unos presos
descontentos y asustados del régimen? ¿Se podría poner en contra
del régimen a muchos de los soldados y oficiales por razones
personales, familiares o políticas? ¿Qué otros factores harían a los
soldados y oficiales vulnerables a la subversión democrática?
Desde el inicio en la lucha de liberación debe desarrollarse una
estrategia especial para comunicarse con las tropas y funcionarios
del dictador. Mediante palabras, símbolos y acciones, las fuerzas
democráticas pueden informar a las tropas que la lucha de liberación
va a ser vigorosa, decidida y persistente. Las tropas han de saber
66 Gene Sharp
que la lucha va a tener un carácter especial destinado a socavar la
dictadura, pero que no amenaza su vida. Tales esfuerzos aspiran en
última instancia a minar la moral de las tropas del dictador y
finalmente a subvertir su lealtad y obediencia a favor del movimiento
democrático. Se debe intentar llegar a la policía y a los funcionarios
con estrategias similares.
El intento de ganar simpatías entre las fuerzas del dictador y
eventualmente a inducirlas a la desobediencia no debe interpretarse,
sin embargo, como una invitación a que las fuerzas militares
produzcan una rápida interrupción de la dictadura mediante una
acción militar. Una acción semejante no es posible que dé paso a
una democracia que funcione, porque, como ya hemos explicado,
un golpe de estado sirve de poco para cambiar el desequilibrio de
las relaciones de poder entre el pueblo y los gobernantes. Por
consiguiente, es necesario planear cómo puede hacérseles entender
a los oficiales militares que simpatizan con los demócratas que ni
un golpe militar ni una guerra civil son necesarios o deseables.
Los oficiales simpatizantes pueden jugar papeles vitales en la
lucha democrática tales como difundir entre las fuerzas militares el
descontento y la nocooperación, alentando las deficiencias
deliberadas y calladamente hacer caso omiso de las órdenes,
manteniéndose firmes en su decisión de no reprimir. El personal
militar puede también brindar varias formas de asistencia noviolenta
y positiva al movimiento democrático entre las que se incluye facilitar
el paso seguro, información, comida, suministros médicos y otros.
El ejército es uno de los recursos de poder más importantes de
los dictadores porque éstos pueden usar las unidades militares
disciplinadas y su armamento para atacar directamente a la
población desobediente y castigarla. Los estrategas del desafío deben
recordar que va ser extraordinariamente difícil, si no imposible, desmantelar
la dictadura si la policía, la burocracia y las fuerzas armadas se mantienen
plenamente leales y obedientes en el cumplimiento de sus órdenes. Las
estrategias orientadas a subvertir la lealtad de las huestes del dictador
deben gozar de una prioridad especial de parte de los planificadores
democráticos.
Las fuerzas democráticas deben recordar que el descontento y
De la Dictadura a la Democracia 67
la desobediencia entre las fuerzas armadas y de la policía pueden
resultar altamente peligrosas para los miembros de esos grupos.
Pueden esperar penas muy severas por los actos de desobediencia,
y la muerte por ejecución en caso de amotinamiento. Las fuerzas
democráticas no deben pedirles a los soldados y oficiales que se
amotinen inmediatamente; en lugar de eso, donde sea posible la
comunicación, debe aclarárseles que hay multiples formas de
“desobediencia disimulada” que sí pueden ser practicadas desde el
principio. Por ejemplo, los policías o los soldados de tropa pueden
entorpecer el cumplimiento de las órdenes de distribución, no acertar
a encontrar a las personas buscadas, advertir a los de la resistencia
acerca de las órdenes de represión que se han dictado contra ellos
así como de los arrestos y deportaciones, y pueden dejar de transmitir
información importante para sus oficiales superiores. Por su parte,
los oficiales descontentos con el régimen pueden no transmitir, o
demorar la transmisión de las ordenes de represión a los mecanismos
encargados de ejecutarlas. Pueden disparar por encima de las
cabezas de los manifestantes. Los funcionarios del estado pueden
perder o traspapelar las instrucciones, trabajar deficientemente, o
“enfermarse” para tener que permanecer en casa hasta “curarse”.
Cambios en la estrategia
Los estrategas del desafío político tienen que estar constantemente
evaluando cómo la gran estrategia y las estrategias de campañas
específicas se están implementando. Es posible por ejemplo, que la
lucha no marche tan bien como se hubiera esperado. En ese caso
hay que pensar qué cambios se necesitan en la estrategia. ¿Qué
podría hacerse para aumentar la fuerza del movimiento y retomar
la iniciativa? En una situación así habrá que identificar el problema,
volver a realizar el cálculo estratégico, si es posible, darle la
responsabilidad de la lucha a un sector distinto de la población,
movilizar recursos adicionales de poder y desarrollar acciones
alternativas. Cuando esto se hubiere hecho, el nuevo plan se
implementará inmediatamente.
68 Gene Sharp
Si, por el contrario, la lucha ha marchado mucho mejor de lo
previsto y la dictadura está desmoronándose antes de lo que se había
calculado, ¿cómo podrán las fuerzas democráticas capitalizar esas
victorias inesperadas y avanzar hacia la paralización de la dictadura?
Exploraremos esta problemática en el capítulo siguiente.
NUEVE
DESINTEGRANDO LA DICTADURA
El efecto acumulativo de estas exitosas campañas de desafío político
bien dirigidas sería el fortalecimiento de la resistencia y el
establecimiento y expansión de áreas de la sociedad donde la
dictadura se encuentra con los límites de su control efectivo. Estas
campañas también proporcionan una importante experiencia en
cómo negar la cooperación a la dictadura, y cómo manifestar un
desafío político. Esta experiencia será de gran ayuda cuando llegue
el momento de una nocooperación y un desafío masivos.
Tal como se discutió en el Capítulo Tres, la obediencia, la
cooperación y la sumisión son esenciales para que un dictador sea
poderoso. Sin acceso a las fuentes de poder político, el poder del
dictador se debilita y finalmente se esfuma. El retiro del respaldo
es, por lo tanto, la principal acción que se requiere para desintegrar
la dictadura. Sería útil repasar cómo se pueden afectar las fuentes
del poder mediante el desafío político.
Los actos simbólicos de repudio y desafío se encuentran entre
los medios disponibles para minar la moral del régimen y su autoridad
política, es decir, su legitimidad. Mientras mayor sea la autoridad
de un gobierno, mayor y más confiables serán la obediencia y
cooperación que recibirá. La desaprobación moral necesita ser
expresada mediante acciones para que la dictadura perciba que es
una amenaza seria a su existencia. Es necesario retirarle la
cooperación y la obediencia para negarle al régimen el acceso a las
otras fuentes de poder.
La fuente de poder segunda en importancia son los recursos
humanos, la cantidad e importancia de las personas y grupos que
obedezcan o ayuden a los gobernantes y que cooperen con ellos. Si
grandes sectores de la población practican la nocooperación, el
régimen realmente se verá en un serio problema. Por ejemplo, si los
funcionarios gubernamentales ya no funcionan con su normal
eficiencia, o inclusive se quedan en casa, el aparato administrativo
se verá gravemente afectado.
69
70 Gene Sharp
De igual manera, si entre las personas o grupos nocooperantes
se incluye a los que previamente le han estado aportando tecnologías
y conocimientos especializados, entonces los dictadores verán cómo
su capacidad de funcionamiento se debilita gravemente. Hasta su
capacidad de tomar decisiones ante una información sólida y de
desarrollar políticas efectivas se verá seriamente reducida.
Si las influencias sicológicas e ideológicas—llamadas factores
intangibles—que por lo general inducen a las personas a obedecer y
ayudar a los gobernantes, se debilitan o revierten, la población se
inclinará más a desobedecer y nocooperar.
El acceso de los dictadores a los recursos materiales también afecta
directamente su poder. Con el control de los recursos financieros
del sistema económico, la propiedad, los recursos naturales, el
transporte y los medios de comunicación en manos de los verdaderos
opositores del régimen, o de otros en potencia, otro recurso de poder
importantísimo se les ha vuelto vulnerable o se les ha negado. Las
huelgas, el boicot y la creciente autonomía en algunos sectores de la
economía, las comunicaciones y el transporte, debilitarán al régimen.
Como ya se discutió anteriormente, la capacidad del dictador
para amenazar o aplicar sanciones—castigos contra los sectores
nocooperantes, desobedientes o ingobernables de la población—es
una fuente central del poder de los dictadores. Ésta puede debilitarse
en dos días. En primer lugar, si la población está preparada, como
en la guerra, para arriesgarse a serias consecuencias como precio
del desafío, la efectividad de las sanciones aplicables se verá
drásticamente disminuida; es decir, la represión de los dictadores
no logrará el sometimiento deseado. En segundo lugar, si la policía
y hasta las mismas fuerza militares se manifiestan descontentas,
puede ser que individualmente o en grupo evadan o francamente
desacaten las órdenes de arrestar, golpear o disparar contra los de la
resistencia. Si los dictadores ya no pueden confiar en la policía y las
fuerzas militares, la dictadura está seriamente amenazada.
En síntesis, el éxito contra una dictadura bien afianzada exige
que la nocooperación y el desafío le reduzcan y le quiten al régimen
las fuentes de poder. Sin la constante reposición de los recursos de
poder necesarios, la dictadura se debilitará y finalmente se
De la Dictadura a la Democracia 71
desintegrará. Una planificación estratégica competente del desafío
político contra las dictaduras, por consiguiente, necesita tener como
objetivo las más importantes fuentes de poder de los dictadores.
La escalada de la libertad
En combinación con el desafío político, durante la etapa de la
resistencia selectiva, el crecimiento de las instituciones autónomas—
sociales, económicas, culturales y políticas—expande
progresivamente el “espacio democrático” de la sociedad y contrae
el control de la dictadura. A medida que las instituciones civiles de
la sociedad se fortalecen en relación con la dictadura, entonces, sin
importar lo que quieran los dictadores, la población está
construyendo de manera creciente una sociedad independiente fuera
del control de aquélla. Si la dictadura va a intervenir para frenar
este “aumento de la libertad”, cuando lo haga, se puede aplicar la
lucha noviolenta en defensa de este espacio recientemente ganado,
y la dictadura se verá confrontada por otro “frente” más en la lucha.
Con el tiempo, esta combinación de resistencia y construcción
de instituciones puede conducir a una libertad de facto. El
derrumbamiento de la dictadura y la instauración formal de un
sistema democrático se hará innegable, porque se habrán alterado
fundamentalmente las relaciones de poder dentro de la sociedad.
La Polonia de los setentas y los ochentas constituye un claro
ejemplo de cómo la sociedad rescata progresivamente sus
instituciones y funciones por medio de la resistencia. La Iglesia
Católica ha sido perseguida, pero jamás puesta bajo el absoluto con-
trol comunista. En 1976, ciertos intelectuales y obreros formaron
pequeños grupos tales como los KOR (Comités de Defensa de los
Trabajadores) para impulsar sus ideas políticas. La organización
del sindicato de Solidaridad, con el poder que tuvo de organizar
huelgas muy efectivas, obligó a su legalización en 1980. Campesinos,
estudiantes y muchos otros grupos también formaron sus propias
organizaciones independientes. Cuando los comunistas se dieron
cuenta que estos grupos habían cambiado las realidades del poder,
Solidaridad fue proscrita de nuevo y los comunistas recurrieron al
72 Gene Sharp
régimen militar.
Inclusive bajo la ley marcial, con numerosos encarcelamientos
y recia persecución, las nuevas instituciones independientes de la
sociedad continuaron funcionando. Por ejemplo, docenas de
periódicos y revistas ilegales siguieron publicándose. Casas
editoriales ilegales publicaban anualmente cientos de libros, mientras
que los más conocidos escritores polacos boicoteaban las editoriales
del gobierno y sus publicaciones. Actividades similares continuaban
en otros sectores de la sociedad.
Bajo el régimen militar de Jaruselski el gobierno militar
comunista alguna vez fue descrito como rebotando de un extremo a
otro en la cresta de la sociedad. Los oficiales todavía ocupaban las
oficinas y los edificios del gobierno. El régimen todavía podía
golpear a la sociedad con castigos, arrestos, encarcelamientos, la
ocupación de las imprentas y acciones por el estilo. Desde ese punto
de vista, era sólo cuestión de tiempo el que la sociedad acabara de
echar abajo al régimen por completo.
Aún cuando una dictadura esté todavía ocupando posiciones
gubernamentales, a veces es posible organizar un “gobierno
democrático paralelo”. Éste funcionaría de manera creciente como
un gobierno rival, al cual la población y las instituciones de la
sociedad le prestarían lealtad, obediencia y cooperación. En
consecuencia, a la dictadura se le negarían estas características del
gobierno. Eventualmente, el gobierno democrático paralelo podría
llegar a reemplazar plenamente al régimen dictatorial como parte
de la transición a un sistema democrático. A su debido tiempo
entonces, se adoptaría una constitución y se celebrarían elecciones
como parte de la transición.
Desintegrando la dictadura
Mientras se lleva a cabo la transformación institucional de la
sociedad, el movimiento de desafío y nocooperación puede ir en
escalada. Los estrategas de las fuerzas democráticas pueden moverse
más allá de la resistencia selectiva y lanzar el desafío masivo. En la
mayoría de los casos, hace falta tiempo para crear, construir o ex-
De la Dictadura a la Democracia 73
tender la capacidad de resistencia, y el desarrollo del desafío masivo
podrá ocurrir sólo después de algunos años. Durante este período
intermedio se deberá impulsar una campaña de resistencia selectiva
con objetivos políticos más importantes cada vez. Se debe involucrar
a grandes sectores de la población a todos los niveles de la sociedad.
Dado un desafío político bien definido y disciplinado durante esta
escalada de actividades, es muy probable que la debilidad interna
de la dictadura se haga cada vez más evidente.
Con el tiempo, la combinación de un desafío político vigoroso
y la construcción de instituciones independientes, es posible que
atraiga una amplia atención internacional a favor de las fuerzas
democráticas. Puede también producir condenas diplomáticas
internacionales, boicot y embargos en apoyo a las fuerzas
democráticas (como pasó en Polonia).
Los estrategas deben estar conscientes de que en algunas
situaciones la caída de la dictadura puede ocurrir extremadamente
pronto, como en Alemania del Este en 1989. Esto puede ocurrir
cuando las fuentes de poder le son masivamente negados como
resultado de la repulsa de la población entera contra la dictadura.
Este patrón conductual no es frecuente, y es mejor planificar para
una lucha a largo plazo (aunque haya que estar preparado por si
ocurre un cambio a corto plazo).
Durante el curso de la lucha de liberación, las victorias, aunque
sean pequeñas, deben celebrarse. Los que han ganado una victoria
deben ser reconocidos. La celebración, acompañada por la vigilancia,
también contribuye a mantener la moral en alto, y esto es muy
necesario para las futuras etapas de lucha.
Manejando el triunfo responsablemente
Los planificadores de la gran estrategia deben calcular por adelantado
los modos posibles y preferibles de cómo una lucha victoriosa puede
concluirse de la mejor manera a fin de impedir el surgimiento de
una nueva dictadura y de asegurar el establecimiento gradual de un
sistema democrático duradero.
Los demócratas deben pensar cómo debe manejarse la transición
74 Gene Sharp
de una dictadura a un gobierno interino al final de la contienda. Lo
deseable en ese momento es establecer cuanto antes un nuevo
gobierno que funcione. No obstante, no debe ser simplemente el
viejo gobierno con un personal nuevo. Hace falta calcular qué sectores
de la vieja estructura gubernamental (tales como la policía) tienen
que ser abolidos completamente, por su intrínseco carácter
antidemocrático, y qué sectores que se conserven han de ser sometidos
más adelante a un esfuerzo democratizador. Un total vacío de poder
podría abrirle paso al caos y a una nueva dictadura.
Con antelación se debe determinar cuál habrá de ser la política
a seguir con los altos funcionarios de la dictadura cuando se
desintegre su poder. Por ejemplo: ¿se va a presentar al dictador ante
un tribunal? ¿Se les permitirá a él y los suyos abandonar el país
permanentemente? ¿Qué otras opciones habrá consistentes con el
desafío político, la necesidad de reconstruir el país y de establecer
una democracia después de la victoria? Se debe evitar a toda costa
un baño de sangre que podría tener consecuencias drásticas sobre la
posibilidad de un sistema democrático futuro.
Deberá haber planes específicos para la transición a la
democracia que deberán ser aplicados cuando la dictadura esté
debilitándose o se derrumbe. Estos planes ayudarán a impedir que
otro grupo capture el poder mediante un golpe de estado. También
se requerirán planes para la institución de un gobierno constitucional
democrático, con plenas libertades políticas y personales. No deben
dejarse perder los cambios ganados a un precio tan alto por falta de
planificación.
Cuando los dictadores tengan que enfrentarse a una población
cuyo poder cada vez es mayor y al crecimiento de grupos
democráticos e instituciones independientes—a ninguno de los
cuales podrá ya controlar la dictadura—los dictadores se encontrarán
con que su poder se está desbaratando. Los cierres masivos de la
sociedad, las huelgas generales, las quedadas-en-casa masivas, las
marchas desafiantes u otras actividades socavarán cada vez más la
propia organización de los dictadores y la de las instituciones
relacionadas con ellos. Como una consecuencia de tal desafío y
nocooperación ejecutados inteligentemente y con participación
De la Dictadura a la Democracia 75
masiva todo el tiempo, los dictadores se quedarán sin poder y los
defensores de la democracia habrán triunfado sin violencia. La
dictadura se habrá desmoronado ante la población desafiante.
No todos los esfuerzos en ese sentido triunfarán, y en especial,
nunca lo harán fácilmente, y sólo rara vez pronto. Debemos recordar
que tantas son las guerras militares ganadas como las perdidas. Sin
embargo, el desafío político ofrece una verdadera posibilidad de
victoria. Como apuntamos anteriormente, esa posibilidad puede
ser enormemente fortalecida por medio del desarrollo de una gran
estrategia, un arduo trabajo y una lucha tanto valiente como
disciplinada.
DIEZ
TRABAJO PRELIMINAR PARA UNA
DEMOCRACIA DURADERA
La desintegración de la dictadura es, por supuesto, causa de gran
celebración. La gente que por tanto tiempo ha sufrido y que ha
pagado un precio tan alto, merece un tiempo de gozo, relajamiento
y reconocimiento. Debe sentirse orgullosa de sí misma y de todos
los que con ella lucharon para ganar la libertad política. No todos
habrán vivido para celebrar este día. Vivos y muertos serán
recordados como héroes que ayudaron a moldear la historia de la
libertad en su país.
Desafortunadamente, esta no es una oportunidad para reducir
la vigilancia. Aún en caso de que la dictadura hubiese sido
desintegrada exitosamente por medio del desafío político, se deben
tomar muchas precauciones para impedir que surja un nuevo
régimen opresivo durante la confusión que acompaña el
derrumbamiento del viejo. Los dirigentes de las fuerzas pro-
democráticas deben tener preparada por adelantado una transición
ordenada hacia la democracia. Es necesario establecer las bases
constitucionales y legales así como las normas de comportamiento
de una democracia duradera.
Nadie debe creer que con la caída de la dictadura
inmediatamente va a aparecer una sociedad ideal. La desintegración
de la dictadura simplemente facilita el punto de partida, en
condiciones de una libertad revalorada, para realizar esfuerzos a
largo plazo por mejorar la sociedad y responder más adecuadamente
a las necesidades humanas. Los serios problemas políticos,
económicos y sociales seguirán durante años, y hará falta la
cooperación de muchas personas y grupos para buscarles solución.
El nuevo sistema político debe dar una oportunidad para que las
personas con puntos de vista diferentes y medidas que lo favorezcan
continúen el trabajo constructivo y el desarrollo de las políticas
orientadas a encarar los problemas del futuro.
77
78 Gene Sharp
Amenazas de una nueva dictadura
Aristóteles advirtió hace tiempo “…que la tiranía puede cambiar y
convertirse en tiranía…”14 La historia nos da muchos ejemplos, en
Francia (los jacobinos y Napoleón), en Rusia (los bolcheviques), en
Irán (el Ayatollah), en Birmania (SLORC), y en otras partes en que
algunas personas o grupos consideraron el derrumbamiento de un
régimen opresivo meramente como la oportunidad de convertirse
en los nuevos amos. Sus motivos podrán variar, pero los resultados
son a menudo muy similares. La nueva dictadura puede ser aún
más cruel que la anterior y ejercer un control más asfixiante.
Aún antes del desplome de la dictadura, miembros del pasado
régimen pueden intentar acortar el proceso de la lucha desafiante
por la democracia dando un golpe de estado a fin de escamotear la
victoria que lograría la resistencia popular. Pueden proclamar que
han expulsado a la dictadura, pero de hecho buscan sólo imponer
un modelo más o menos renovado de la anterior.
Cerrándoles el paso a los golpes de estado
Hay maneras de derrotar los golpes de estado que se intenten con-
tra una sociedad recientemente liberada. A veces basta un
conocimiento previo de esa capacidad de defenderse para impedir
el intento. La preparación intelectual puede prevenirlos.15
Apenas el golpe haya sido puesto en marcha, los putschistas
necesitan legitimarse, o sea, que se acepte que tienen derecho político
y moral de gobernar. Por lo tanto, el primer principio básico que
hay que esgrimir para defenderse contra el golpe es negarles la
legitimidad a los putschistas.
Los putschistas también necesitan que los líderes civiles y la
población los apoye, que estén confundidos o que sencillamente se
mantengan pasivos. Los putschistas requieren la colaboración de
especialistas y consejeros, burócratas y funcionarios
14
Aristóteles, The Politics (Política), libro V, cap. 12, p. 233.
15
Ver Gene Sharp, The Anti-Coup (El Antigolpe), (Boston, MA: The Albert Einstein
Institution, 2003).
De la Dictadura a la Democracia 79
gubernamentales, administradores y jueces, a fin de consolidar su
poder sobre la sociedad afectada. También requieren que la multitud
de personas que manejan el sistema político, las instituciones sociales,
la economía, la policía y las fuerzas militares se les sometan
pasivamente y lleven a cabo sus funciones habituales tal como las
hayan modificado las órdenes y políticas de los putschistas.
El segundo principio de la defensa contra el golpe de estado es
el de resistir a los putschistas por medio de la nocooperación y el
desafío político. Debe negárseles la cooperación y asistencia que
necesitan. Esencialmente, los mismos medios de lucha que se usaron
contra la dictadura se pueden emplear ante la nueva amenaza,
siempre que se apliquen inmediatamente. Si se les niega tanto la
legitimidad como la cooperación, el golpe puede morir de inanición
política, y se habrá restaurado la oportunidad de construir una
democracia.
Redactando una constitución
El nuevo sistema democrático va a requerir una constitución que
establezca la estructura deseada del gobierno democrático. La
constitución deberá fijar los propósitos del gobierno, limitar los
poderes gubernamentales, establecer los procedimientos y las fechas
de las elecciones mediante las cuales se eligirá a los funcionarios del
gobierno y los legisladores, los derechos inherentes del pueblo, y las
relaciones del gobierno nacional con los niveles inferiores de la
estructura política.
Dentro del gobierno central, si éste ha de seguir siendo
democrático, debe establecerse una clara separación de la autoridad
entre las ramas legislativa, ejecutiva y judicial. Se deben incluir
fuertes restricciones a las actividades de la policía, los servicios de
inteligencia y las fuerzas armadas prohibiéndoles cualquier
interferencia política legal.
Para conservar el sistema democrático e impedir medidas y
tendencias dictatoriales, la constitución debe ser preferentemente
una que establezca un sistema federal con prerrogativas importantes
para los gobiernos a nivel regional, estatal y local. En algunos casos,
80 Gene Sharp
se puede considerar la imitación del sistema suizo de cantones en el
que áreas relativamente pequeñas retienen prerrogativas importantes
sin dejar por eso de ser parte integral del país.
Si una constitución con muchos de estos rasgos hubiera existido
antes en la historia del país recién liberado, sería deseable
reimplantarla modificándola apenas en lo que fuere necesario y
deseable. Si no existiera una constitución más antigua con los
requerimientos del caso, quizá se podría trabajar con una constitución
interina. Si no, habría que escribir una nueva constitución. Preparar
una nueva constitución llevará tiempo y esfuerzo. Es deseable la
participación popular en este proceso y se hace necesaria para la
ratificación de un nuevo texto o de sus enmiendas. Se ha de ser
muy cauto al incluir en la constitución promesas que luego se
demuestre que es imposible cumplir, o estipulaciones que requieran
un gobierno altamente centralizado, porque en ambos casos podría
facilitarse una nueva dictadura.
La redacción de la constitución debe ser fácilmente
comprendida por toda la población. No debe ser tan compleja ni
tan ambigua como para que sólo los abogados u otras élites puedan
decir que la comprenden.
Una política democrática de defensa
El país liberado puede tener que enfrentarse a una amenaza
extranjera, para lo cual se necesitaría una capacidad defensiva. El
país puede también verse amenazado por un intento de imponerle
una dominación militar, política o económica desde el extranjero.
A fin de mantener una democracia interna, habría que
considerar seriamente si han de aplicarse los principios básicos del
desafío político a las necesidades de la defensa nacional16. Al situar
la capacidad de resistencia directamente en manos de la ciudadanía,
los países recientemente liberados pueden evitar la necesidad de
establecer una fuerte capacidad militar que podría, por su parte,
amenazar la democracia y demandar vastos recursos económicos
16
Ver Gene Sharp, Civilian-Based Defense: A Post-Military Weapons System (“La Defensa
con Base Civil: Un Sistema de Armas Post-Militares”), (Princeton, New Jersey:
Princeton University Press, 1990).
De la Dictadura a la Democracia 81
que mucho se necesitan para otros propósitos.
Debemos recordar que algunos grupos van a ignorar cualquier
disposición constitucional en su afán de establecerse como nuevos
dictadores. Por consiguiente, la población necesita asumir la tarea
permanente de aplicar el desafío político y la nocooperación contra
cualquier dictador en potencia y de preservar las estructuras, los
derechos y los procedimientos democráticos.
Una responsabilidad meritoria
Los efectos de la lucha noviolenta son no solamente debilitar y quitar
al dictador sino también dotar de poder al oprimido. Esta técnica
habilita a las personas que previamente sentían que no servían más
que como víctimas para ejercer directamente el poder para lograr
por su propio esfuerzo una mayor libertad y justicia. Esta experiencia
de lucha tiene consecuencias sicológicas importantes que
contribuyen a aumentar la autoestima y la confianza en sí mismos
entre los que antes carecían de todo poder.
Una consecuencia beneficiosa a largo plazo del empleo de la
lucha noviolenta a fin de establecer un gobierno democrático, es que
la sociedad estará más apta para manejar los problemas recurrentes
y futuros. Aquí podrían incluirse los futuros abusos del gobierno y
la corrupción, los maltratos a algún grupo, la injusticia económica y
las limitaciones en la calidad democrática del sistema político. La
población, experimentada en el uso del desafío político,
probablemente será menos vulnerable a la acción de una dictadura
en el futuro.
Después de la liberación, el haberse familiarizado con la lucha
noviolenta va a sugerir maneras de defender la democracia, las
libertades civiles, los derechos de las minorías y las prerrogativas
de los gobiernos regionales, estatales o locales así como de las
instituciones nogubernamentales. Tales medios también harán
posible que personas o grupos expresen pacíficamente su
disentimiento extremo sobre asuntos que los grupos de oposición
perciben ser tan importantes que a veces los han llevado al terrorismo
o a la guerra de guerrillas.
82 Gene Sharp
Los pensamientos expresados en este examen del desafío
político o la lucha noviolenta tienen como fin tratar de ayudar a
todas las personas y grupos que buscan liberar a sus pueblos de la
opresión dictatorial y establecer un sistema democrático duradero
que respete las libertades humanas y la acción popular para mejorar
la sociedad.
Tres conclusiones principales se derivan de las ideas
bosquejadas aquí:
• Es posible liberarse de las dictaduras;
• Una reflexión cuidadosa y una planificación estratégica muy
meticulosa son indispensables para lograr la liberación; y
• Se necesitará vigilancia, mucho trabajo arduo y una lucha
disciplinada a veces a un precio muy alto
Es cierta la multicitada frase: “La libertad no es gratis”. Ninguna
fuerza externa vendrá a darle al pueblo oprimido la libertad que
tanto anhela. La gente tendrá que aprender cómo conseguir esa
libertad por sí misma. No será fácil.
Si la gente puede darse cuenta de lo que necesita para su
liberación, podrá trazarse líneas de acción que, después de muchos
trabajos, han de traerle su libertad. Entonces con ahínco podrá
construir un nuevo orden democrático y prepararse para defenderlo.
La libertad que se gana por medio de una lucha de este tipo puede
ser duradera y ser mantenida por un pueblo tenaz comprometido a
conservarla y enriquecerla.
APÉNDICE
LOS MÉTODOS DE LA ACCIÓN NOVIOLENTA17
MÉTODOS DE PROTESTA Y PERSUASIÓN NOVIOLENTAS
Declaraciones formales
1. Discursos públicos
2. Cartas de oposición o de apoyo
3. Declaraciones de organizaciones e instituciones
4. Declaraciones públicas firmadas
5. Declaraciones de acusación e intención
6. Peticiones de grupo o masivas
Comunicaciones con un público más amplio
7. Lemas, caricaturas y símbolos
8. Banderas, carteles y pancartas
9. Volantes, folletos y libros
10. Periódicos y otras publicaciones
11. Discos, radio y televisión
12. Escritura en el cielo y en la tierra
Representaciones de grupo
13. Diputaciones
14. Premiaciones burlescas
15. Cabildeo de grupo
16. Piqueteo
17. Elecciones burlescas
Actos públicos simbólicos
18. Despliegue de banderas y colores simbólicos
19. Usar símbolos en el vestido/vestir atuendos simbólicos
17
Esta lista, con definiciones y ejemplos históricos, está tomada de Gene Sharp, The
Politics of Nonviolent Action, Part Two, The Methods of Nonviolent Action (La Política
de la Acción Noviolenta, Parte Dos, Los Métodos de la Acción Noviolenta).
83
84 Gene Sharp
20. Oración y culto
21. Entrega de objetos simbólicos
22. Desvestirse en público
23. Destrucción de las propias pertenencias
24. Luces simbólicas
25. Exposición de retratos
26. Pintura como protesta
27. Nuevos letreros y nombres
28. Sonidos simbólicos
29. Reclamaciones simbólicas
30. Gestos groseros
Presión sobre los individuos
31. Acoso a funcionarios
32. Mofa de funcionarios
33. Fraternización
34. Vigilias
Drama y música
35. Sátira y burlas
36. Interpretaciones teatrales y musicales
37. Canto
Procesiones
38. Marchas
39. Desfiles
40. Procesiones religiosas
41. Peregrinaciones
42. Desfile de vehículos
Tributo a los muertos
43. Duelo político
44. Funerales burlescos
45. Funerales-Manifestaciones
46. Homenajes en tumbas/cementerios
De la Dictadura a la Democracia 85
Asambleas públicas
47. Asambleas de protesta o de apoyo
48. Mitines de protesta
49. Mitines de protesta encubiertos
50. Tomar un lugar usándolo para enseñar
Separación y renuncia
51. Abandonar un lugar (irse caminando)
52. Guardar silencio
53. Renunciar a un premio
54. Volver la espalda
MÉTODOS DE NOCOOPERACIÓN SOCIAL
Ostracismo de personas
55. Boicot social
56. Boicot social selectivo
57. No acción a lo Lisistrata
58. Excomunión
59. Interdicto
La nocooperación en eventos sociales, costumbres e
instituciones
60. Suspensión de actividades sociales o deportivas
61. Boicot a eventos sociales
62. Huelga estudiantil
63. Desobediencia social
64. Retirarse de instituciones sociales
Retirarse del sistema social
65. Quedarse en casa
66. Nocooperación personal (completa)
67. Abandono por parte de los trabajadores
68. Santuario
69. Desaparición colectiva
70. Protesta de emigración (hijrat)
86 Gene Sharp
METODOS DE NOCOOPERACIÓN ECONÓMICA
(1) BOICOT ECONÓMICO
Acción de los consumidores
71. Boicot por consumidores
72. No consumo de bienes boicoteados
73. Política de austeridad
74. Retención de alquileres
75. Negarse a pagar el alquiler
76. Boicot nacional de consumidores
77. Boicot internacional de consumidores
Acción de trabajadores y productores
78. Boicot de trabajadores
79. Boicot de productores
Acción de intermediarios
80. Boicot de suministradores y de los que trasiegan con esos
bienes
Acción de dueños y administradores
81. Boicot de comerciantes
82. Negarse a dejar o a vender su propiedad
83. Cierre patronal (Lockout)
84. Negarse a recibir ayuda industrial
85. “Huelga general” de comerciantes
Acción de dueños de recursos financieros
86. Retirar depósitos del banco
87. Negarse a pagar estipendios, deudas y asignaciones
88. Negarse a pagar deudas o intereses
89. Recortar fondos y créditos
90. Negarse a pagar impuestos
91. Negarse a aceptar dinero del gobierno
De la Dictadura a la Democracia 87
Acción por parte de los gobiernos
92. Embargo doméstico
93. Lista negra de comerciantes
94. Embargo de vendedores internacionales
95. Embargo de compradores
96. Embargo del comercio internacional
MÉTODOS DE NOCOOPERACIÓN ECONÓMICA
(2) LA HUELGA
Huelgas simbólicas
97. Huelga de protesta
98. Abandono rápido del trabajo (huelga relámpago)
Huelga agrícola
99. Huelga de campesinos
100. Huelga de trabajadores agrícolas
Huelga de grupos especiales
101. Huelga de jornaleros reclutados
102. Huelga de presos
103. Huelga de artesanos
104. Huelga de profesionistas
Huelgas industriales ordinarias
105. Huelga de un establecimiento
106. Huelga de la industria
107. Huelga de solidaridad
Huelgas restringidas
108. Huelga de algunos de los obreros a un tiempo
109. Huelga de trabajadores en una sola planta por tiempo
definido
110. Huelga de manos caídas
111. Huelga de estricto apego al reglamento
112. Reportarse “enfermo”
88 Gene Sharp
113. Huelga por renuncia
114. Huelga limitada
115. Huelga selectiva
Huelgas de varias industrias
116. Huelga generalizada
117. Huelga general
Combinación de huelga con cierre económico
118. Hartal (paro colectivo)
119. Cierre económico
MÉTODOS DE NOCOOPERACIÓN POLITICA
Rechazo de la autoridad
120. Negar o retirar la obediencia
121. Negarse a dar apoyo público
122. Literatura y discursos que aboguen por la resistencia
Nocooperación de los ciudadanos con el gobierno
123. Boicot de los cuerpos legislativos
124. Boicot de elecciones
125. Boicot de funcionarios y empleados del gobierno
126. Boicot de los departamentos, agencias y otras oficinas del
gobierno
127. Retirarse de las instituciones educativas de gobierno
128. Boicot de las organizaciones dependientes del gobierno
129. Negarse a ayudar a los agentes de coacción del gobierno
130. Quitar señales y marcadores de su lugar
131. Negarse a aceptar a los funcionarios designados
132. Negarse a disolver instituciones existentes
De la Dictadura a la Democracia 89
Alternativas a la obediencia de parte de los ciudadanos
133. Cumplimiento lento y de mala gana
134. Noobediencia cuando no hay una supervisión directa
135. Noobediencia popular
136. Desobediencia encubierta
137. En una asamblea o en un mitín, negarse a dispersarse
138. Ocupar un lugar sentándose
139. Nocooperación con el reclutamiento o la deportación
140. Esconderse, escaparse, usar identificaciones falsas
141. Desobediencia civil a leyes “ilegítimas”
Acción del personal del gobierno
142.Negarse selectivamente a ser asistido por auxiliares
gubernamentales
143. Bloqueo de las líneas de mando o de información
144. Buscar evasivas y obstruir
145. Nocooperación administrativa general
146. Nocooperación judicial
147. Ineficiencia deliberada y nocooperación selectiva por parte
de los agentes de coacción
148. Amotinamiento
Acción gubernamental nacional
149. Evasiones y demoras casi legales
150. Nocooperación por parte de unidades gubernamentales
constitutivas
Acción gubernamental internacional
151. Cambios en la representación diplomática y otros
152. Demora y cancelación de eventos diplomáticos
153. Retención del reconocimiento diplomático
154. Romper las relaciones diplomáticas
155. Retirarse de las organizaciones internacionales
156. Negarse a pertenecer a organizaciones internacionales
157. Expulsión de organizaciones internacionales
90 Gene Sharp
MÉTODOS DE INTERVENCIÓN NOVIOLENTA
Intervención sicológica
158. Quedarse a la intemperie
159. Ayunar
a) Ayunar para presionar moralmente
b) Huelga de hambre
c) Ayuno de satiagraha
160. Juicio al revés
161. Acoso noviolento
Intervención física
162. Entrar y sentarse
163. Entrar y quedarse de pie
164. Entrar montado
165. Meterse a tropel
166. Meterse golpeando o empujando
167. Entrar rezando
168. Incursión noviolenta
169. Incursión aérea noviolenta
170. Invasión noviolenta
171. Inserción o intervención noviolenta
172. Obstrucción noviolenta
173. Ocupación noviolenta
Intervención social
174. Establecer nuevos patrones sociales
175. Sobrecargar las instalaciones
176. Tardarse a propósito para completar un trámite
177. Entrar y hablar
178. Teatro de guerrilla
179. Instituciones sociales alternativas
180. Sistema alternativo de comunicaciones
Intervención económica
181. Huelga al revés
182. Huelga de quedarse en el sitio
183. Ocupación noviolenta de tierras
De la Dictadura a la Democracia 91
184. Desafiar cercas, rejas, etc.
185. Falsificación políticamente motivada
186. Operación comercial excluyente
187. Apropiación de fondos
188. Provocar una baja o caída económica
189. Auspicio selectivo
190. Mercado alternativo
191. Sistema alternativo de transporte
192. Instituciones económicas alternativas
Intervención política
193. Sobrecargar el sistema administrativo
194. Revelar la identidad de los agentes secretos
195. Buscar el encarcelamiento
196. Desobediencia civil de las leyes “neutrales”
197. Seguir en el trabajo pero sin colaborar
198. Soberanía dual y gobierno paralelo
Unas Palabras acerca de Traducciones
y Reimpresiones de esta Publicación
Para facilitar su difusión, esta publicación se ha hecho del dominio
público. Esto significa que cualquier persona puede reproducirla y
difundirla.
Sin embargo, el autor solicita que si el texto se reproduce, se
mantenga integro, sin quitarle ni ponerle nada.
El autor les ruega a las personas que piensan reproducir este
documento que se lo hagan saber. Pueden comunicarse por medio
de la Institución Albert Einstein cuya dirección aparece en el párrafo
siguiente.
El autor pide que si este documento se va a traducir, se traduzca
de la versión original en inglés y no de la traducción al español.
Esto es muy importante para preservar el sentido e intenciones
originales del texto. Se pueden solicitar versiones de este texto en
inglés a
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, MA 02115-1801, USA
Tel: USA+617-247-4882
Fax: USA+617-247-4035
E-mail: einstein@igc.org
También se pueden imprimir de nuestra página web cuya
dirección es:
http://www.aeinstein.org
93
SOBRE EL AUTOR
Gene Sharp es Profesor Investigador Titular en la Institución Albert
Einstein de Boston, Massachusetts. Realizó la Licenciatura y la
Maestría en la Universidad Estatal de Ohio y es Doctor en Teoría
Política por la Universidad de Oxford. Es Profesor Emérito de
Ciencias Políticas de la Universidad de Massachusetts Dartmouth.
Por casi treinta años se ha desempeñado como investigador en el
Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard.
Es autor de los libros The Politics of Nonviolent Action (1973), Gandhi
as a Political Strategist (1979), Social Power and Political Freedom (1980),
Making Europe Unconquerable (1985), Civilian-Based Defense (1990) y
From Dictatorship to Democracy (1993 y 2002). Un nuevo libro muy
importante se publicará en 2004, Waging Nonviolent Struggle: Twen-
tieth Century Practice and Twenty-First Century Potential. Sus escritos
se han traducido a más de 30 lenguas.
Manual-resistencia-no-violenta-gene-sharp

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